Política | Tarjeta Alimentaria

Una sugerencia que puede ser absurda

Por Mónica Persoglia

Podría decirse que en estos tiempos de pandemia, todas las iniciativas e ideas son nuevas. Es una guerra diferente, invisible que se extiende como un enemigo, pero hay que enfrentarlo.

Las medidas que se han tomado han sido las correctas. Toda la población está ordenada a estar en sus casas. Muchos conservan sus trabajos, otros no los tienen, y otros se quedaron sin ingresos.

El aporte de la Tarjeta alimentaria les habrá llegado a algunos y un gran número de gente no tiene ingreso económico, en zonas vulnerables, y no vulnerables, desencadenando otra epidemia que es el hambre, la desnutrición, que traerá otras consecuencias cuando esto termine, porque va a terminar.

Así con la misma fuerza que se está cuidando a la gente, comer, es sinónimo de salud. Quizás la sugerencia sea absurda o no la compartan, pero, se trataría de dividir la ciudad en sectores, con referentes barriales o asistentes sociales que reciban información de aquellos que necesitan alimentos o sea ingredientes básicos para alimentarse día a día hasta el momento que puedan trabajar.

Esto sería una economía de guerra, y una alimentación en tiempos de guerra, austera pero necesaria. De otro modo, se los mataría invisiblemente de hambre.

Recibirían la información lideres barriales, agentes sanitarios o sociales efectuarían el reparto de mercadería o asistencia que necesitaran. Vinculados a una base del Estado encargado de fraccionar para distribuir.

Esto también les servirá para tener un registro de lo que padece económicamente la población, el porcentaje de desempleo, u otros datos que les servirían para un mapeo en rojo, amarillo o lo que convengan para luego diagramar inteligentemente un retorno progresivo económico, que tardará llegar a la normalidad, pero que algún día habrá que recomenzar.

Una idea para perfeccionar.

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