Sociedad |

Un médico en los campos nazis

Un tema espinoso, vinculado a la naturaleza humana, y una esperanza para padres.

Por Alfredo Zurita

La desafortunada a comparación hecha por una actriz venezolana del gobierno de Maduro con el nazismo, y el rol de los capos judíos en los campos de concentración ha merecido amplia repulsa, y del mismo modo la ministra de salud de Francia, una abogada franco judía, sobreviviente de los campos rechazó la comparación en los 80 con las dictaduras latinoamericanas, que torturaban y desaparecían adversarios políticos, en tanto que los nazis lo hacían aún con bebés, por el solo hecho de ser judíos.

Los capos judíos serian prisioneros judíos que recibían un trato más favorable de los nazis, a cambio de controlar a sus paisanos.

Diversos periodistas judíos han intervenido en la discusión, sea trayendo sobrevivientes de los campos, que afirmaron que nunca vieron capos judíos, o consultando con rabinos que dijeron que si los hubo, fue bajo coerción, y por lo tanto inimputables, y uno de ellos dijo que la actriz podría haber hecho una lectura equivocada del libro del médico psicoanalista judío Viktor Frankl, que paso tres años en diversos campos de concentración donde murió toda su familia, y relató su experiencia en un libro titulado “El hombre en busca de sentido”.

En este libro Frankl relata la vida en los campos, y la forma en que el régimen de los mismos alteraba las conductas de los prisioneros, creando una obsesión por la comida, en la medida que la alimentación que se les daba solo cubría una tercera parte de las necesidades calóricas de un adulto, lo que los llevaba inevitablemente a la muerte.

Frankl rechaza la división en nazis malos y judíos buenos, y expresa textualmente en la pág, 8 de su libro “Mientras estos prisioneros comunes tenían muy poco o nada que llevarse a la boca, los «capos» no padecían nunca hambre; de hecho, muchos de estos «capos» lo pasaron mucho mejor en los campos que en toda su vida, y muy a menudo eran más duros con los prisioneros que los propios guardias, y les golpeaban con mayor crueldad que los hombres de las SS. Claro está que los «capos» se elegían de entre aquellos prisioneros cuyo carácter hacía suponer que serían los indicados para tales procedimientos, y si no cumplían con lo que se esperaba de ellos, inmediatamente se les degradaba. Pronto se fueron pareciendo tanto a los miembros de las SS y a los guardianes de los campos que se les podría juzgar desde una perspectiva psicológica similar”.

En otras páginas del libro relata actitudes humanitarias de los guardias nazis, incluyendo a un comandante de campo que pagaba de su bolsillo medicamentos para los prisioneros.

Su tesis parece ser que aún en las circunstancias más terribles el hombre siempre tiene un margen de libertad y puede elegir entre el bien y el mal.

EL experimento Milgram, que puede verse en la película “i como Ícaro”, muestra como con un poco de presión, la mayor parte de las personas comunes pueden transformarse en torturadores.

En su libro “Etiquetas a los hombres”, Bernardo Verbisky, padre del conocido periodista, médico judío psicoanalista y comunista, nos relata su desilusión durante un viaje por Palestina. Se entrevista con comunistas judíos y árabes, ambos están de acuerdo en que hay que terminar con el capitalismo, pero antes hay que matar a “los otros”.

En los inicios del comunismo en Rusia fue imposible investigar casos de asesinos seriales porque se asumía que estos eran producto del capitalismo, y no existirían en el comunismo. Un error, no desaparecen con el cambio del sistema político, y el famoso científico Sthepen Hawkins propuso ver si se podría modificar el ADN humano para eliminar las tendencias agresivas.

Luego de ser liberado, el Dr. Frankl abandono el psicoanálisis, para crear una nueva escuela terapéutica, que llamó “logoterapia”, (logos: sentido o significado), que a diferencia del psicoanálisis no toma el sexo como eje, sino la existencia misma. De ese modo se denomina a la logoterapia “análisis existencial”.

La logoterapia sirve de base teórica a los grupos “Renacer”, de ayuda a los padres que han perdido a sus hijos, que progresivamente se extienden por Argentina, a partir del primer grupo creado por un médico cordobés tras la muerte de uno de sus hijos. No hay ninguno en Resistencia, y quizás sería bueno crearlo por la cantidad de hijos que mueren en accidentes de moto. Mayores detalles pueden verse en https://gruporeyounacer.wordpress.com/.

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