Salud | 9 de julio

Un médico en el Congreso de Tucumán

Claro que también con estudios en leyes y teología.

Por Alfredo Zurita

El Dr. Carrasco, un boliviano, recibido en Perú, fue el único médico diputado en el Congreso de Tucumán, como diputado por Cochabamba, siendo todos los demás curas y abogados, aunque no alcanzó a estar el 9 de Julio sino que se incorporó después.

Por coincidencia un médico gobierna hoy la provincia de Tucumán, algo que es raro puesto que el medico era experto en micro política, como caudillo de pueblo, pero raramente iba más allá, los médicos gobernadores eran una excepción, y solo uno llegó a presidente.

De todos modos cada vez hubo más médicos gobernadores en Córdoba, Chaco, Santa Fe. Tucumán y Misiones, y los médicos disputamos de más en más a los abogados rectorados universitarios. Somos los doctores por antonomasia aunque no tengamos título de tales.

Como aún pasa hoy en día el Dr. Carrasco se estableció en Buenos Aires, que aunque no era aún capital de la república, si era capital del Virreinato, y fue designado en 1806 médico del regimiento de Patricios, al mando de otro boliviano, Cornelio Saavedra.

Luego fue médico del ejército al Norte, el Alto Perú en esas épocas, al mando de Belgrano, y luego desempeñó cargos políticos en Cochabamba donde lo eligieron como congresal a Tucumán, siguiendo en la política algunos años más hasta que lo empezaron a perseguir judicialmente, algo habitual en política cuando se da vuelta la tortilla.

Finalmente dejó la política, se volvió a establecer como médico en Buenos Aires, fue uno de los fundadores de la Academia Nacional de Medicina, y murió a los 70 años.

Cabe preguntarse para que servía el médico en esas épocas. Sabemos que casi todas las ideas eran erróneas, y no tenían ningún medicamento eficaz, siendo la penicilina el primero, 150 años después.

En esas épocas aún no se sabía de los microbios, y se creía que el pus de la infección era un buen signo de curación. Casi lo único practico que hacía el médico era amputar, sin anestesia, muriendo casi todos los pacientes por hemorragia e infección, y recién en la guerra de Crimea una enfermera mostró que la suciedad de los hospitales mataba más que las balas enemigas.

Una queja similar haría Napoleón a sus médicos, la sífilis le mataba más soldados que las balas enemigas, pero no había tratamiento, y como se disculpaban los médicos es difícil controlar el sexo en los soldados.

La Asamblea del año 1813 dispuso que se bautizara con agua tibia a los recién nacidos, pues pensaban que el tétanos del recién nacido, algo común en la época, era producido por el agua fría, y los textos de medicina de esos años atribuían a la masturbación el cáncer y toda una serie de enfermedades graves, del mismo modo que decían que los niños salían del pene del hombre y eran una especie de semilla, siendo las mujeres simples macetas.

He conocido a colegas de esa época de la medicina inútil, el 99 % de la que había antes de la segunda guerra mundial. Me contaban de la impotencia ante el paciente, de las sangrías como tratamiento preferencial, que ahora sabemos los mataban, y de la importancia de consolar, casi lo único que se podía hacer.

Cuánta de la medicina que practicamos hoy en día será descartada dentro de algunos años, o décadas por ser considerada inútil o peligrosa? Esperemos que no tanta como en el pasado.

Se cree erróneamente que vivimos más gracias a ella, pero no es así. Son las vacunas y el agua potable, las responsables del aumento de la esperanza de vida promedio, aunque no podemos dejar de mencionar a los antibióticos, que cada vez son menos útiles por resistencia, y se pronostica que en poco tiempo más volveremos a la época anterior a ellos por abuso.

De todos modos el médico no debe preocuparse, siempre tendrá trabajo, como lo muestran las residencias de los médicos cuando esta era inútil o peligrosa, y el mismo Dr. Carrasco, después de sus servicios a la patria pudo establecerse en pleno centro de Buenos Aires, con una quinta de fin de semana en las afueras. Claro que en esa época había pocos médicos, y no eran baratos, por lo que el pueblo llano recurría más bien a curanderos.

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