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Tras las rejas

No es novedoso, ya hace muchos años toda vivienda tiene rejas. No para adornarla, sino para protegerse de la inseguridad.

Como todas las cosas desencadenan otras, cambias muchos hábitos, aparecen necesidades, y también especializaciones, oficios, y así fue. Con el auge de la inseguridad, lo más creativos, vieron su parte positiva, nace modalidades y modas.

El rol del sereno se transforma en custodia, esto hace que deban identificarse, cambian la ropa por un uniforme, una identificación a la vista, y hasta un corte de pelo los identifican, corto, raso, o rapado. Ahí los peluqueros debieron perfeccionarse, no es un corte cualquiera, es prolijo y debe dar imagen de temerosa.

Las alarmas, debieron estar en la mayoría de las viviendas, en los automóviles y motos, que convierten la ciudad en un especial concierto de sordinas que nadie se queja, al contrario, alerta. Ya la frase “el silencio es salud” pierde valor.

Las guardias comunales, una creación necesaria sin tanto adiestramiento, pero con mucho orgullo, son autoridad.

Las mujeres policías seducen con sus uniformes aunque cumplen el rol de los hombres, pero siguen siendo lindas mujeres. Las eligen por estatura, algunas tienen entrenamiento, físico, no sabemos si tan duro como el varonil. Orgullosas de su uniforme.

Las rejas, seguirán estando, los delincuentes no llevan uniformes, aunque algunos se distinguen por su actitud, su modo de vestir, de conducirse y su osadía.

Mucho cambió. No así en las leyes. Sí, en las costumbres y la inconducta.

Pero los bohemios, artistas y soñadores, seguirán luciendo sus melenas largas, hasta tomadas en una coleta.

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