Sociedad |

Sobre la situación de la institución policial en nuestra Patria

Por Marcela Acuña

Creo que debemos entender que estamos en una democracia, seguramente imperfecta porque la vamos construyendo entre todos y con diferentes miradas y opiniones, pero lo que no se debe permitir es la injerencia del poder del aparato de las fuerzas de seguridad al poder político. Eso no se debe discutir, ni poner en cuestionamiento.

El poder político aun imperfecto es el que se eligió en las urnas y aquellos que dependen del mismo jamás deben atentar contra el mismo para torcer decisiones, que nos pueden gustar o no, pero son decisiones que se toman en defensa de la democracia de los ciudadanos desprotegidos, como fue el caso de los torturados por personal policial, personas, ciudadanos pertenecientes a las comunidades originarias.

Si bien podemos decir que no es nuevo el ataque policial hacia el pueblo, lo hemos padecido en las movilizaciones y lo viven en los barrios pobres, donde son avasallados todos los días por personal policial, por portación de cara. También destaco que debemos tener en cuenta que hoy la Policía como tal, ha perdido legitimidad y se ve dentro de sus filas personas que cumplen efectivamente con su deber de contralor y vigilancia, pero otras son poliladrones, ya que se mezclan en hechos delictivos, mimetizándose con los delincuentes agravados por su portación de arma.

Hay muchas cosas para cuestionar, desde apremios ilegales en sede de comisarías, como estigmatización al sector pobre.

Una vez fui detenida por pedir que se realice el puente que hoy está en Soberanía y San Martín. Padecí apremios con otros compañeros que tuvimos la misma suerte, me doblaban los dedos y nos hicieron simulacro de llevarnos a torturar al interior, nos decían plagas, nos desnudaron en la comisaría a la compañera y a mí, se reían de nuestras partes íntimas, al otro compañero sentíamos cómo lo molían a golpes. Fue terrible.

Gracias a la movilización que encabezó Emerenciano nos soltaron, hicimos la denuncia. Nunca paso nada; los policías siguieron en su mismo lugar, y yo con mis compañeras también. Redoblé la lucha, y me juré a mí misma no permitir que esto vuelva a ocurrirle a nadie. Pero eso es una lucha colectiva donde el poder político nos escuche, y no solo actúe después del hecho sino lo prevenga.

¿Qué estudian los futuros policías? ¿Qué tipo de formación intelectual tienen? ¿Cómo es el criterio de elección de los agentes? ¿Por qué no puede presidir la fuerza un civil si nuestra Constitución lo permite?

No me victimizo, ni tampoco digo que en el campo popular somos todos inocentes, lo que digo es que la Policía como institución está obsoleta, es corrupta, y no tienen cuadros democráticos que sepan entender la historia de nuestro pueblo.

Ojala el gobernador sostenga el que los policías torturadores queden fuera de sus funciones, pero sin tener el apoyo del pueblo, de las organizaciones sociales reales, será prácticamente imposible, ya que en la soledad del poder reinan estas corporaciones mafiosas, que están avaladas para matar.

No lo digo yo, lo dicen los familiares de José Luis Cabezas, de Miguel Bru, de Darío Santillán, y de tantos compañeros/as más que fueron asesinados por balas asesinas de las fuerzas policiales.

Pensemos en nuestros jóvenes por favor.

En todo lo que nos costó y cuesta esta democracia.

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