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Sergio Denis en un hospital público

Como se suele decir, la salud no tiene precio, pero si costos.

En Buenos Aires sería raro ver a un vip en un hospital público, pero en las provincias, aún en las capitales, para un caso grave no hay mucha alternativa, ya que la medicina privada no dispone de una oferta adecuada para ello, de modo que una de las consecuencias es que la misma debe batallar duramente para mantener su mercado, al ser superada tecnológicamente por el hospital público, que además es más o menos gratuito y sin plus.

A diferencia de los reyes y presidentes de países desarrollados, que son asistidos en los hospitales  públicos de sus países, esto sería impensable en Argentina, y en el tercer mundo, porque aún persiste la ideología de que el hospital público es para los pobres, lo que permite la existencia de “hospitalitos” privados, a los que para evitar confusiones, se los llama clínicas o sanatorios, términos que nada tienen que ver con lo que dice el diccionario.

Al contrario de lo que se supone nuestro primer ministro nacional de salud, el Dr. Ramón Carrillo, no pretendía estatizar la medicina, sino proveer a la medicina privada de adecuadas condiciones de atención hospitalaria, tal como había observado en sus estancias en Europa, donde los requisitos de atención en internación eran y siguen siendo tan exigentes, que no son rentables para el capital privado, de modo que los hospitales son no lucrativos, un modelo que los inmigrantes trajeron a nuestro país como hospitales de colectividad, los hospitales Españoles, Italianos, Francés, Alemán, etc., muchos de los cuales ya fundidos, por haber desaparecido la solidaridad que los creó.

También las obras sociales nacieron en 1943 sobre la base de la solidaridad de los trabajadores de una misma actividad, aunque nunca se extendieron más allá, por lo que el único intento de crear un sistema nacional de salud, en 1974, al estilo europeo no funcionó, más allá de las convulsiones de la época porque la solidaridad nacional en salud nunca existió, y la que hubo se va diluyendo como lo muestra la declinación de los hospitales de colectividad, y el descreme de las obras sociales por las prepagas, es decir la migración de los asalariados de ingresos más altos hacia prepagas.

Los organismos internacionales de salud suelen distinguir en atención médica, la calidad de la calidez, refiriendo la primera a los aspectos técnicos, en tanto que la segunda refiere al  trato, y en esto el cliente siempre será mejor tratado que el usuario cautivo.

Lo decía con mucha claridad uno de los directivos de las telefónicas que había recibido personal de la empresa telefónica estatal, reconociendo que eran técnicos buenos, pero que no comprendían que el usuario de la empresa telefónica estatal era ahora un cliente de la empresa, que si no le satisfacía el trato podía migrar a otra empresa.

Calidad y calidez están siempre presentes en cualquier oferta del mercado, pero aunque el lego puede distinguir en materia de alimentos, ropa, calzado, etc., esto es casi imposible en la calidad de la medicina, donde la demanda estará muy orientada por el trato, y este es el gran déficit del hospital público en Argentina y el Tercer Mundo.

Diversas soluciones han sido ensayadas para resolver esto, como el Hospital de Comunidad, Hospital de Autogestión, y similares, que permiten atención de pacientes privados en hospitales públicos, e incentivos al personal para mejorar el trato, permitiendo atraer más pacientes, aunque rápidamente el personal se da cuenta que lo que más conviene son los pacientes con obra social, que dejaran ingresos que luego se trasuntarán en primas salariales, y que los pobres espantan a esta clientela. De allí la idea, propulsada por el Banco Mundial, de que todo el mundo tenga obra social, y pague, para evitar la discriminación. Lo que en Argentina hace el Plan Sumar, alimentado por fondos del Banco Mundial en atención materno infantil.

Reconozco si, que políticas de este tipo requieren condiciones difíciles de conseguir, de modo que para mostrar “acción de gobierno”, lo más rápido es construir y comprar equipo, lo que se hace habitualmente, al tiempo que se cambia continuamente de directores de hospital y otros funcionarios cuando hay problemas. Más edificios y más equipos a la larga son más problemas, de mantenimiento y funcionamiento, en un círculo vicioso.

Los medios han mencionado ampliamente la excelencia de los médicos que atienden a Sergio Denis, aunque las evaluaciones indican que la calidad de atención hospitalaria depende más de la atención de enfermería, una profesión tradicionalmente tan mal paga, que es habitual, como en la docencia, el tener dos trabajos, con repercusión sobre la calidad. En este caso, al haber sido el artista contratado por el gremio de la sanidad, podemos esperar que se ocupen en forma especial, aunque nunca hay garantías, y a la enfermera inglesa que atendía al famoso físico Stephen Hawkins, se le ha retirado la matricula, por su propio colegio profesional,  por comprobarse atención de mala calidad, técnica y en el trato. Quizás la familia quiso ahorrar en esto, pensando que lo importante era pagar bien al médico, y no a la enfermera.

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