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Salud, herencias, gastos e inversiones

La pesada herencia recibida, un clásico de todo gobierno.

Por Alfredo Zurita

Sillas de ruedas amontonadas en depósitos y ambulancias inutilizadas por falta de repuestos fueron el relato con el que el nuevo gobierno nacional que asumió en 2015 nos mostró la desidia del anterior, y vacunas vencidas o paralizadas en la aduana lo son del actual.

La situación se repite en las provincias, con independencia de si el nuevo gobierno pertenece al mismo partido, o no, e incluso diría las críticas son más duras cuando son del mismo partido, quizás por aquello de que las guerras civiles son más sangrientas que las de un país contra otro.

En los últimos días se ha entablado aquí una polémica sobre compras de sidra y pan dulce, cuando faltan medicamentos en los hospitales, ya que comprar sidra seria un gasto, y los medicamentos inversiones.

Estos términos de la economía se usan también en salud, y aluden a recursos que se vuelcan sin beneficio productivo alguno, gastos, o hacia aquellos que si rendirán, inversiones.

Construir una carretera, es claramente una inversión, mejorara las comunicaciones, y por esta vía la economía, y también lo es la educación básica, por lo que esta última es considerada un bien social, según los criterios de la Organización Mundial de Comercio.

En salud las cosas no son tan sencillas, en principio una campaña de vacunación parecería inversión, pero como debe mantenerse en forma indefinida, aunque la enfermedad haya desaparecido, por temor a su retorno, lo de inversión parece menos claro. El caso de la erradicación de la viruela fue una excepción, y se pensaba que lo mismo ocurriría con el sarampión y la poliomielitis, pero eso se cuestiona ahora.

También las campañas de control del dengue parecen inversiones, porque evitan ausencias prolongadas del trabajador, y lo mismo ocurre con otras similares.

La atención a la salud infantil parece también inversión porque mejora la provisión de soldados y trabajadores sanos, y fueron los ingleses quienes iniciaron esos programas, al darse cuenta hace mas de un siglo, que no contaban con suficientes soldados sanos para mantener su extenso imperio. En las guerras mundiales del siglo pasado los soldados alemanes, mas fuertes, podían portar armamento de mayor alcance, pero más pesado, que los mediterráneos, mas pequeños

Por supuesto la revolución industrial requirió obreros sanos, y eso estimuló también el cuidado infantil, pero ahora la guerra se hace con drones y misiles, y la industria trabaja con robots, por lo que los soldados y los trabajadores fuertes y sanos son cada vez menos necesarios, y muchos países impulsan la baja de la natalidad para que se pueda invertir en desarrollo económico, siendo China el caso más conocido, aunque hay muchos otros.

Los problemas de usar los términos gasto o inversión empiezan a aparecer con respecto a la salud de los ancianos, los mayores consumidores de servicios de salud, y cuya productividad potencial es limitada, y aunque podrá aducirse la experiencia, por precaución, aún los obispos son jubilados obligatoriamente a los 75 años, aunque pueden seguir ejerciendo en caso de ser electos como Papa.

Los bajos ingresos que en general tienen los ancianos, y el alto consumo de médicos y medicinas, hace que muchos de ellos prioricen la compra de medicamentos de poca utilidad, como si fuesen inversiones, privándose de gastos, como vacaciones, o compra de sidra y pan dulce para navidad, gasto que el gobierno subsana, aunque esto responde a una visión muy estrecha de lo que es la salud, y muy amplia en beneficios de los medicamentos,

Entiendo la necesidad de los políticos de chicanear al adversario, en busca de conseguir y mantener el poder en base a frases ingeniosas, falacias y demás artilugios de la retórica, pero quizás debieran ser un poco mas responsables en el caso de la salud, y empezé a escribir estas notas cuando la epidemia de dengue de 2009, cuando gobierno y oposición discutían si había o no epidemia, usando diferentes definiciones de epidemia, por lo que mi primera nota fue titulada “No hacer política con el dengue”, porque ello dificulta el control.

Por supuesto que se siguió haciendo política, y poco después apareció la pandemia de gripe A, que todo el mundo utilizó para sus intereses políticos, y además económicos porque se vendieron pruebas de laboratorio, medicamentos y vacunas poco útiles, como pan caliente.

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