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Política, medicina y epidemiologia

Arte y ciencia al servicio de la humanidad.

Por Alfredo Zurita

La política y la medicina son profesiones muy similares, más arte que ciencia, y algunos dicen que la política es solo medicina a gran escala. Ambas se basan sobre todo en la experiencia, y por eso el médico suele prestar poca atención a la teoría, una vez que termina la carrera, y confiar mucho más en su experiencia, en tanto que el político suele afirmar que lo suyo no se aprende en las aulas, sino pateando el barro.

Por el contrario la epidemiología es una ciencia que estudia las enfermedades de las poblaciones, inicialmente de los animales y luego de los humanos, con la finalidad de prevenirlas mediante estudios estadísticos, que muestren diferencias entre poblaciones. Los que fuman tienen más cáncer de pulmón que los que no fuman, de lo cual se deriva el consejo de no fumar para prevenir el cáncer de pulmón, etc.

El porcentaje de canceres entre los fumadores y no fumadores se llama en epidemiologia riesgo absoluto, (RA) lo que solo significa probabilidad y la relación entre ambos riesgo relativo (RR).

La estadística, cuyo nombre deriva de la palabra estado, recolecta datos, y se dice que fue iniciada por los romanos para calcular tributos. Si en Palestina vivían 2 millones de judíos, y cada uno debía pagar 30 monedas de impuesto por año, era fácil calcular que el gobernador romano allí debía enviar a la capital 60 millones de monedas. Para eso era esencial saber el número exacto y por eso se hacían periódicamente censos, como los que llevaban a María y José a Nazaret para ser censados en su domicilio, aunque el viaje debió interrumpirse en Belén por las razones conocidas.

Pero tanto la medicina como la política aspiran a ser científicas usando para ello las estadísticas, lo que ha dado origen a una forma de medicina denominada Medicina Basada en la Evidencia; MBE, o Clinimetria, lo que es un error conceptual porque la epidemiologia es ciencia de poblaciones y no de individuos.

Pero su aplicación a la política es perfectamente adecuada, y se realiza mediante encuestas de intención de voto que “miden” a los candidatos en la población.

Pensé en esto a raíz del comentario de un concejal que dice Capitanich debe ser el candidato porque mide mejor, y no por ser el mejor.

Pero medir mejor no basta, sino se conoce en qué poblaciones mide mejor, y al respecto recuerdo una aclaración del Dr. Rozas en las elecciones del 2003. Explicó que la decisión de colocar a Nikisch como candidato a gobernador se debía a que medía bien en todas partes, aunque reconociendo que Aida medía muy bien, pero solo en la capital, y Peche también pero solo en el interior, en tanto que Nikisch media menos, pero en toda la provincia. Como en el caso anterior no se mencionó que candidato era mejor, sino cuanto medía.

Del mismo modo la mayor parte de los infartos y otros problemas cardiovasculares provendrán de personas con presión arterial normal, y no de los hipertensos, porque ellos aunque tienen más riesgo absoluto, son menos que las personas de presión arterial normal.

Un poco amargado me decía un colega con cáncer de pulmón que había dejado de fumar hacia 30 años, lo cual lo ponía en el mismo riesgo absoluto que las personas que nunca habían fumado, ¿Por qué entonces tenía cáncer?

La respondí que las personas que nunca han fumado también pueden tener cáncer, menos que los fumadores, pero que ellos son más que los fumadores, por lo que habrá también cáncer entre los no fumadores.

Por tanto la epidemiologia de los RA y RR decide ahora mediante encuestas a los candidatos, que además pueden adecuar su discurso a las expectativas de los electores mediante preguntas que exploran preferencias varias, pero hay que tener en cuenta que del mismo modo que Dr. House recomienda a sus residentes desconfiar de los dichos de los pacientes, el encuestador debe contar con que los encuestados también pueden mentir u ocultar opiniones, llevando a conclusiones falsas.

Tuvimos una experiencia con esto con una encuesta de salud que hicimos hace muchos años en la provincia. Nos llamó la atención la poca consulta que había a los curanderos, cuando al mismo tiempo todos los encuestados conocían a varios curanderos. Uno de los investigadores interesado en el tema se había hecho amigo de varios curanderos y obtuvo de los mismos el domicilio de pacientes que los habían consultado el día anterior. Se envió a esos domicilios un encuestador, que desconocía esto, y solo uno de cada diez reconoció haber hecho consulta con el curandero. Estudios adicionales nos permitieron ver como la población consultaba al curandero en caso de fracaso del médico, y la inversa, aunque siempre ocultando la consulta anterior.

Sería interesante repetir esa encuesta incluyendo ahora a los médicos alternativos, homeópatas, medicina china, ayurvédicos, flores de Bach etcétera, raros en esos años, pero abundantes ahora.

Por todo lo anterior, la medición de candidatos no es sencilla, y por tanto no es barata, así que desconfiar de los que ofrecen baratas. Gallup, la consultora más famosa del mundo en encuestas raramente yerra pronósticos electorales pero sus honorarios arrancan desde un millón de dólares para arriba. Sin embargo no hace consultas electorales en Argentina, diciendo que aquí se usan las mediciones más para “operar”, que para conocer la verdad.

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