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Paros y Obras Sociales

La diferencia entre los dos paros son 13.000 millones de pesos.

Por Alfredo Zurita

La Revolución Industrial produjo al obrero, y a los anarquismos, socialismos y comunismos. Para fines del siglo 19 estos movimientos habían alcanzado tal amplitud que amenazaban el capitalismo, y el astuto ministro alemán Bismarck, para contrarrestarlos inventó la seguridad social, que los desactivó, y luego en Italia Mussolini consolidó como alianza de clases, en lugar de afrontamiento, como proponían todos estos ismos.

Años después la situación se repite en Argentina, y los golpistas de 1943 crean la misma solución de Bismarck, que resulta tan exitosa que uno de ellos gana las elecciones de 1946, apoyado por los anarquistas contra todos los partidos políticos unidos que temen un Mussolini criollo.

Sin embargo la seguridad social argentina no es igual a la europea, sino que en salud se organiza por sindicato, las obras sociales, y administrada por ellos, lo que da hace crecer al sindicalismos argentino por encima de cualquier otro latinoamericano, al tiempo que hace desaparecer al anarquismo, que es reemplazado por la rama sindical del peronismo, y llega a competir con él, razón por la cual el mismo Perón considera liquidar las obras sociales y crear un Sistema Nacional de Salud, al estilo de los que los ismos habían creado en Europa, y su ministro de salud, Carrillo, le propuso imitar en 1946.

Según cuenta el secretario de salud de 1974 en sus memorias, Dr. Liotta al darle instrucciones sobre el tema, Perón le dice “tiene que hacer lo que no le dejé hacer a Carrillo”.

El sindicalismo resiste el intento de Perón, y los posteriores de Alfonsín y Menem, este último de corte liberal, proponiendo el reemplazo de las obras sociales por aseguradoras al estilo yanqui, que sin embargo aparecerán dentro de los mismos sindicatos, captando a los asalariados con sueldos más altos.

La gran cantidad de obras sociales pequeñas genera un mecanismo de reaseguro ante eventos catastróficos que podrían fundirlas, creando un fondo especial mediante la retención de un pequeño monto de los fondos de cada obra social, administrado por el ministerio nacional de salud.

Este fondo es saqueado por los sindicatos según detecta la ministra Ocaña en el periodo 2007-2009, lleva varios sindicalistas a la cárcel, y enfrenta al gobierno con los sindicatos. El gobierno reacciona congelando los fondos que para 2015 alcanzaban ya 30.000 millones de pesos.

El nuevo gobierno entrega a los sindicatos la mitad de los fondos retenidos, en tanto que destina 8.000 millones para financiar su plan Cobertura Universal de Salud, destinado a los trabajadores en negro y desocupados. Esta entrega le asegura la paz con los sindicatos, aunque las internas entre ellos llevan al dirigente de camioneros a aliarse con otros sindicatos que aún conservan las reivindicaciones de los ismos. Entre ellos la Federación Argentina de Profesionales de la Salud, especialmente fuerte en la provincia de Buenos Aires, pero con filiales en todas, la APSTACH en Chaco, que propone retomar la iniciativa de crear un Sistema Nacional de Salud, que prive de fondos a sus rivales, los sindicatos no clasistas. Los burócratas en la jerga de los ismos.

Por fin, la entrega de los 13.000 millones restantes del fondo especial a los sindicatos no clasistas, explica el para light de hoy, en tanto que los camioneros y sus ismos aliados hicieron el paro más combativo de ayer.

La suerte de la salud está por tanto vinculada a la pulseada entre los sindicatos clasistas y no clasistas, y las internas entre estos últimos, y en cuanto al Plan Cobertura Universal de Salud se diluye progresivamente entre criticas varias, puesto que su estrategia central, la Atención Primaria de Salud con médicos de familia no goza del favor popular, que prefiere el sistema “free shop, yo voy el medico que quiera, cuando quiera”.

Los intentos en este sentido de todos los ministros de la democracia se diluyeron, porque a diferencia del europeo que acepta la lógica del médico general o de familia, como ordenador del sistema de atención para mejorar su eficiencia y calidad, el argentino cree más en la libertad de elección, y el acceso directo al especialista, la tecnología y la polifarmacia. De este modo la salud argentina resulta más cara y menos eficaz de lo que podría ser, pero si la gente lo cree mejor así, será difícil cambiar las cosas por vía democrática.

“Más salud por el mismo dinero”, el título del libro de un especialista en salud pública lo lleva al ministerio nacional de salud en 2002, donde permanecerá hasta 2007. Propone que los niños sean atendidos por médicos de familia o generales, reservando los pediatras para los casos más graves.

La Sociedad Argentina de Pediatría, centenaria, lo denuncia por querer introducir formas de atención extrañas al ser nacional, y reclama el derecho del niño argentino a su pediatra. El ministro, hábil político, dio marcha atrás, y no volvió a mencionar el tema.

Recién en 2015, el ultimo ministro del gobierno anterior, que estuvo menos de un año reflota la idea, visita la nueva carrera de Sáenz Peña que está formando médicos generales que “trabajarán para el pueblo, y no por la plata”, alaba, y convoca a la Sociedad Argentina de Medicina General en apoyo. Todo terminó en agua de borrajas, como la actual, administrada por la Sociedad de Medicina Familiar, rival de la anterior, pues en esto de líneas internas los médicos nos parecemos mucho a los ismos, y solo nos unimos para reclamar mejores salarios y aumento de aranceles.

La Seguridad social chilena y uruguayas siempre fueron administradas por el estado, sin participación de los sindicatos, lo que quizás haya permitido la aparición allí de poderosos partidos políticos clasistas, que llegaron al gobierno, cosa por ahora impensable en Argentina.

En cuanto a los médicos que trabajarán para el pueblo, y no por la plata, me atengo al viejo axioma de ver para creer, tal como dijo Jesucristo al apóstol Tomas que no creía en la resurreción, de meter los dedos en la llaga, (Juan 20:27). Por esa razón se supone que Tomas era médico en su vida civil.

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