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Napalpí: el verdadero gestor de una ley que aún no fue cumplida

Por Vidal Mario*

Días atrás, un medio local de difusión tituló así una de sus crónicas: “Masacre de Napalpí: el Instituto de Cultura se olvidó de construir el monumento a las víctimas”.

Comentaba el caso de la ley 7923, sancionada unánimemente el 30 de noviembre de 2016 por los legisladores provinciales pero que sin embargo aún no fue cumplida.

Ni Peppo, antes, ni Capitanich, ahora, han cumplido con lo establecido en ese instrumento legal.

El citado artículo periodístico señaló como autor del proyecto convertido en ley 7923 al entonces diputado Raúl Acosta, del Partido de la Concertación, dato que es un error.

Quien esto escribe fue el gestor de esa ley. El citado legislador tuvo la gentileza de presentar mi anteproyecto, y a la vez todos sus colegas tuvieron la gentileza de aprobarlo.

Antecedentes

El 27 de marzo de 1998, presenté mi trabajo Napalpí, la herida abierta. Con ese libro se instaló definitivamente en la sociedad y en la consciencia colectiva lo que ocurrió antes, durante y después del sangriento episodio relatado en el mismo.

Después, más reveladores detalles del hecho me llevaron a publicar dos libros más sobre el tema.

Al margen de esos aportes literarios, siempre estimé necesario y de toda justicia que se fortalezca el reconocimiento estatal de lo que el pueblo aborigen padeció aquella trágica jornada.

Consideré que la más sólida y duradera forma de reconocimiento es a través de un monumento conmemorativo.

Así ya se había hecho con los muertos en otra masacre, la de Margarita Belén, en diciembre de 1976.

Los aborígenes sacrificados en Napalpí también merecían y merecen ser recordados a través de un monumento.

En los fundamentos de mi anteproyecto, expliqué que no era necesario una obra faraónica, costosa; que sería suficiente con una vista escultórica de dimensión tal que el viajero que pase por el lugar al observarlo se interrogue sobre su significado.

Y que la respuesta venga por sí sola: es un monumento que recuerda a las víctimas de Napalpí.

Mi propuesta

Mi propuesta era:

Que a través del Instituto de Cultura se llame a concurso de escultores de toda la provincia para el diseño y ejecución de un Monumento a Napalpí que perpetúe la memoria de lo sucedido el 19 de julio de 1924 en la actual Colonia Aborigen Chaco.

Que dicho organismo constituya un jurado integrado por escultores de la región, el cual en un plazo no mayor a los sesenta (60) días contados a partir del lanzamiento de la convocatoria defina el proyecto ganador y encargue su ejecución.

Que la obra escultórica sea emplazada sobre la Ruta 16, en el acceso a Colonia Aborigen Chaco.

Y, finalmente, que sea inaugurado con presencia de autoridades provinciales, legislativas, municipales y pueblo en general el 19 de julio de 2017, con motivo del 93° aniversario de la masacre.

Mis fundamentos concluían con estas palabras expresadas por Antonio J. Bosch en la presentación de Napalpí, la herida abierta: “El día que nos avergoncemos de hablar de Napalpí, habremos incurrido en el delito del olvido”.

El delito del olvido

El 8 de septiembre de 2016 envié por correo mi proyecto a la doctora María Susana Ramírez, asesora legal de la agrupación política presidida por el diputado Raúl Acosta.

El 30 de noviembre fue unánimemente aprobado, lo cual mereció de mi parte una columna publicada el 19 de diciembre en La Voz del Chaco con éste título: “Napalpí también tendrá su monumento”.

El 21 de diciembre de 2016, la ley fue promulgada por decreto 2836 firmado por el gobernador Domingo Peppo y por el ministro de Gobierno, Juan José Bergia.

Lamentablemente, nunca más se supo del tema. En cuanto a éste monumento, el Estado provincial sigue incurriendo en el delito del olvido.

*Periodista e historiador

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