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Nació en Trieste, Austria

Corrían fines del 1898 y Anna esperaba su sexto hijo. Cuando nacían era la costumbre anotarlos en el registro de las iglesias. La suerte no estuvo de su lado y cada vez que llevaba su recién nacido, éste moría por el frío. Entonces decidió, que éste lo anotaría cuando llegara el verano. Así fue que Humberto, fue su único niño.

Humberto pasó su infancia en Trieste, pero su madre decide por tiempos de guerra huir rumbo a cualquier país que hubiera paz. Primero pasan un tiempo en Alejandría, y logran subir a un barco donde Humberto se desempeña como pelapapas.

En las historias, quedarán muchos espacios vacíos, de lo que se borró o no se quiso contar, por eso lo que más se sabe es luego de su llegada a Buenos Aires, con diecinueve años.

Hablaba alemán, no entendía el español, era creativo y tocaba el clarinete. Lo primero que hace es formar una pequeña orquesta con otros inmigrantes y deleitaban en las esquinas de la ciudad o en las plazas. Allí es cuando Aurora, lo descubre y él le regala una rosa.

Pese a sus limitaciones idiomáticas se pone de novio con Aurora y terminan casándose.

Humberto era creativo y algo bohemio. Amaba los animales y a la naturaleza. Le gustaba inventar cosas, pero no tenía la habilidad para comercializarlas.

Es así como fábrica un parlante gigante para hacer publicidad en la ciudad, y lo ponía en el techo de su automóvil. Crea y los fabrica a los primeros zapatos para los caballos para que no se lastimaran con las calles empedradas de Buenos Aires. Los alcanza a patentar.

Amaestró a una mona y le fabricó la cuna para que duerma junto a su cama.

Tuvo cinco hijos, un solo varón, a quien le prestaba su auto para que fuera a los corso los días de carnaval, época de disfraces y serpentinas.

Humberto, de aspecto de hombre mayor, por sus anteojos redondos y expresión seria, sólo tenía 43 años cuando murió de pancreatitis. En esos momentos no había cura.

La mona murió de tristeza a los dos meses.

No fue testigo del casamiento de su hijo con una chaqueña.

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