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Muertos cambiados y Guantanamera

La burocracia, un mal necesario, pero que puede volverse canceroso.

Por Alfredo Zurita

La renuncia de la directora del Hospital Muñiz de la ciudad de Buenos Aires a raíz del error en la entrega de un cadáver puede parecer una medida exagerada pero sirve para recordar un viejo principio administrativo, se puede delegar autoridad en una organización, pero nunca la responsabilidad que siempre recae sobre la cabeza del director, ministro, capitán, o nombre que corresponda, y máximo responsable , de modo que si algo falla la culpa caerá sobre su cabeza, y no solo la de fusibles intermedios.

De allí la tradición marinera de que el capitán se hunde con el barco, aunque la culpa haya sido del timonel.

EL tema es el eje de la famosa película “Esperando la carroza”, y ayer mismo al abrirse dos tumbas en el cementerio del Vaticano, en busca de esclarecer un crimen, se las encontró vacías, sin cadáver alguno en su interior, algo que no es tan raro.

Pero lo primero que me vino a la memoria al conocer la noticia, fue la película cubana Guantanamera de 1995, filmada por insistencia del mismo Fidel Castro, destinada a mostrar los defectos del sistema administrativo cubano, que favorece la corrupción mediante un exceso de reglamentaciones.

Un funcionario caído en desgracia, piensa recuperar el favor político mediante un sistema de transporte más eficiente de los cadáveres, que incluye varios trasbordos, de modo que una sola ambulancia no haga todo el recorrido, y el que sigue la película llega cambiado a destino, después de sortear mediante sobornos múltiples restricciones que traban el desplazamiento del vehiculo.

En su afán de eliminar la autoridad de unas personas sobre otras, se dictan reglas, para que ellas manden, pero nada protege tanto al funcionario público como el exceso de reglamentaciones, y en alguna época las ambulancias de la provincia tenían absolutamente prohibido transportar cadáveres, para preservarlas para pacientes, lo cual motivaba continuas protestas de los intendentes a los cuales los deudos recurrían como alternativa. En cierta oportunidad se levantó esa restricción dejando la decisión a criterio del director del hospital, y ellos mismos pidieron que se la volviera a colocar, puesto que era más cómodo rechazar el pedido apelando a una regla, que hacerlo por sí mismo.

Una organización no puede funcionar sin reglas, pero su exceso la mata, he allí el dilema de quien pone las reglas, que servirán a los empleados para desviar a la organización de sus fines, hacia los del personal, y son la base de la corrupción, y fuente de trabajo para los “gestores”.

"Aquí nunca se dice que si?, me pregunta un nuevo ministro después de firmar docenas de expedientes negando peticiones Le aclare que si era posible acceder se lo hacia en niveles anteriores, pero si no era posible se elevaba " a consideración del Sr Ministro", pero era un novato en estas lides. Un político hábil se reservaría todos las aprobaciones, y delegaría los rechazos.De allí que es uso y costumbre que en toda inauguración por mínima que sea, si el mandamás no puede estar presente, el funcionario que lo reemplaze dirá ritualmnente que fue por decisiones adoptadas por él.

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