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Médicos nazis en Argentina: una fake news, como se dice ahora

La noticia de que entidades judías se oponían a que en el eventual billete de 5.000 pesos apareciera el rostro del Dr. Ramón Carrillo, neurocirujano, primer ministro de salud pública del país, acusándolo de nazi, conmovió el mundo peronista, y también a los expertos en salud pública, que más allá de partidismos reconocen la importancia de este profesional en el desarrollo de la salud publica en el país.

Otras entidades judías desmintieron a las anteriores, y la evidencia más importante parece ser que el Dr. Carrillo contrató a un médico danés, criminal de guerra nazi, acusado de experimentos con seres humanos en procura de curar la homosexualidad.

Aunque muchos de los experimentos nazis eran simples barbaridades, lo de este danés tenía alguna base científica, pues consistía en implantar en los homosexuales hormona masculina de liberación lenta, algo que ahora se ha puesto de moda en el país, entre hombres maduros cuya potencia sexual declina, y también mujeres menopaúsicas, cuya libido también depende de la hormona masculina. No estoy seguro si el procedimiento es legal en Argentina, pero he visto personajes famosos que alardean de los resultados, citando al médico que se los realizó.

Para juzgar a las personas es necesario situarlos en el contexto histórico, sino condenaríamos a San Martin por poner en el reglamento de granaderos que era causal de baja de un oficial meterle los cuernos a un compañero de armas, rehusar un duelo, o no pagar deudas de juego.

La homosexualidad masculina tardó siglos en ser reconocida como una enfermedad, siendo considerada históricamente grave pecado para todas las religiones, o degeneración como aún sostiene el Dr. Albino de CONIN, y recién hace 30 años que la OMS reconoció que tampoco es una enfermedad, sino una condición, tal como ser alto o bajo, gordo o flaco.

De todos modos aun aparecen por aquí o por allá curas para la homosexualidad, y la aparición de un presunto gen de la homosexualidad llevó a muchos abortos.

El SIDA generó muchos estudios sobre esta condición, inicialmente enfermedad de homosexuales, rápidamente aprovechado por muchos cultos para calificarla de castigo divino, y estos estudios han permitido saber que aproximadamente 10 % de los varones son homosexuales en todo el mundo, y nada tiene que ver la forma de crianza o factores similares. Por ahora las causas son desconocidas.

Recuerdo de mi servicio militar que el peor insulto para un soldado era decirle maricón, es decir mujercita, y se comentaba en el examen médico que si uno se animaba a decir a los médicos militares que era gay se salvaba, aunque creo ninguno de los que fuimos examinados fue tan macho como para decir eso.

De allí la importancia que podría tener para la medicina de esas épocas una cura de la homosexualidad, que entre otras cosas podría reducir la capacidad militar de un país.

Quizás el testimonio más equilibrado que surgió en estos días provino de un anciano periodista, del Buenos Aires Herald, investigador del nazismo. Después de descartar que ni Perón ni Carrillo fueran nazis, reconoció sin embargo que como todo el mundo en esa época admiraban a la ciencia alemana. Por eso los yanquis perdonaron al científico que fabricó las bombas V 2 con las que los alemanes destruyeron Londres, y lo pusieron a cargo de su programa de cohetes para llegar a la Luna y misiles para llevar bombas atómicas, que los yanquis fabricaron bajo la dirección científica del alemán Einstein, además judío, escapado de Alemania cuando empezaron las persecuciones.

Lo mismo hizo Argentina, y con ingenieros y técnicos alemanes se armó la fábrica de aviones en Córdoba, y aun puedo recordar profesores alemanes en mi carrera de medicina, de claras simpatías nazis. Se recuerda también una chanta que convenció al Gral. Perón de que se podía lograr la fusión de los átomos para lograr energía atómica, más rápido que por fisión como habían hecho los yanquis, y obtuvo enormes fondos para iniciar un centro experimental en Bariloche.

Por alguna razón los alemanes parecen muy interesados en las ciencias desde hace siglos, y para mejorar la ciencia argentina hace menos de una década se logró que el famoso instituto Max Planck de Alemania instalara una sucursal en Argentina, y salvo el inglés Darwin los científicos más importantes del mundo, como Einstein o Marx fueron alemanes-

Los que hayan conocido la dirección del Hospital Perrando en el pasado, recordarpán las bibliotecas de sus paredes, repletas de viejos libros alemanes de medicina, pues ellos eran los médicos más importantes hace un siglo, y allí fue Carrillo a perfeccionar sus estudios, lo cual no lo convierte por ello en nazi.

“Ud. tiene que hace lo que no le deje hacer a Carrillo”, recuerda el Dr. Liotta, médico de Perón, al encargarle el Sistema Nacional Integrado de Salud, aplicado en Chaco en 1974. Parece que efectivamente esa había sido la idea de Carrillo cuando lo nombraron ministro, cosa que no fue factible pues los sindicatos querían tener sus propios sanatorios, lo cual creó el actual anárquico sistema argentino de obras sociales, que no existe en ninguna otra parte del mundo, y mucho menos en Alemania desde donde quizás Carrillo trajo la idea de un Sistema Nacional de Salud.

Ni Perón logró llevar adelante esa idea, ni tampoco el Dr. Alfonsín que quiso intentarlo también, designando como ministro al mismo médico que había elaborado las leyes del SNIS para el Dr. Lotita, en esos años director de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Buenos Aires, creada inicialmente por el Dr. Carrillo dentro del ministerio nacional de salud, convencido que un médico no podía, de un día para otro, dejar su consultorio, y manejar idóneamente la salud de una población.

Le pregunté a un nuevo ministro provincial si sabía en lo que se estaba metiendo, me dijo que si sabía sacar una vesícula, como no iba a poder manejar el ministerio de salud? Sin embargo reconoció al dejar el cargo que era más complicado que sacar una vesícula.

De todos modos siempre me causa gracia que los jóvenes profesionales que no logran insertarse en la medicina privada, lleven como bandera a Carrillo, solicitando que les den muchos cargos públicos bien pagos, como los que tenía el Sistema de Salud del Chaco de 1974, pues Carrillo nunca pensó en el medico como empleado público. Creo deberían leer sus planes antes de seguir repitiendo frases que Carrillo nunca dijo, así como otros lo califican falsamente de nazi.

Alfredo Zurita

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