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Los curas deben volver a ser maridos de una sola mujer

Por Vidal Mario

“Francisco cerró toda posibilidad de ordenar hombres casados”, anunciaron los medios periodísticos. Como lo hicieran sus antepasados, el papa argentino discrimina a los casados de ese derecho y reabre el viejo debate sobre el celibato sacerdotal.

Estudio la historia del cristianismo desde hace muchos años, lo cual me ha posibilitado acopiar muchos datos sobre la historia –no tan sagrada- del celibato clerical.

Cuando el cristianismo aún estaba en pañales no había ningún problema en que un obispo fuese “marido de una sola mujer”, como lo manda Tito 1:5-7.

Timoteo 3:2-5 dispone a su vez que un obispo debe ser un hombre “que se haya casado una sola vez”.

Siempre había sido así entre los judíos porque así lo mandaba Levítico 21: 13-15, y así debió seguir siendo porque Jesús dijo que no vino a abolir la ley judía sino a cumplirla.

Gracias al incidente de la curación de la suegra de Pedro comentado en Mateo 8:14, Marcos 1:29 y Lucas 4:38-39 uno se entera que incluso el supuesto primer papa era casado.

Las primeras normas sobre el matrimonio y/o celibato de los clérigos recién empezaron a aparecer cuando la Iglesia de la mano del emperador Constantino I empezó a organizarse como nuevo poder sociopolítico terrenal.

Luego, cuantos más siglos pasaban y más se manipulaban los evangelios originales más fuerza iba cobrando el asunto del celibato obligatorio. Hasta que terminó siendo un instrumento clave para dominar fácilmente a la masa clerical.

Hasta el concilio de Nicea (325) no había habido decreto alguno contrario al celibato.

Recién en ese cónclave se dispuso lo siguiente: “Prohibir con toda la severidad a los obispos, sacerdotes y diáconos, o sea a todos los miembros del clero, el tener consigo a una persona del otro sexo, a excepción de madre, hermana o tía, o bien de mujeres de las que no se puede tener ninguna sospecha”.

Pero ese mismo concilio no prohibió que los sacerdotes ya casados continuaran llevando una vida sexual normal.

Decretos similares fueron apareciendo con el tiempo. Así lo certifican las actas del concilio I de Letrán (año 1123), del Concilio II de Letrán (1139) y del concilio III de Letrán (1179).

“Renta de las putas”

A medida que pasaban los siglos se iban añadiendo más decretos vinculados al celibato.

Sin embargo, la Iglesia no lograba que muchos clérigos dejaran de tener concubinas o amantes.

Tan común era que tuviesen amoríos que los obispos terminaron instaurando la llamada “renta de las putas”, una cantidad de dinero que los sacerdotes debían pagar al obispo cada vez que transgredían la ley del celibato.

Era tan normal entre los curas tener amantes que muchos obispos exigían dicha “renta de las putas” a todos los curas de su diócesis, sin excepción para nadie.

No se salvaban de pagar esa renta ni los que alegaban pureza. Igual debían pagar porque se consideraba que no era posible que una persona no tuviera relaciones sexuales de algún tipo.

En el concilio de Basilea (1431-1435) se dispuso que todos los sacerdotes que no dejasen a su concubina perderían sus beneficios e ingresos eclesiásticos.

En el concilio de Trento (1545-1563) el papa Paulo III, que era padre de varios hijos, implantó definitivamente la prohibición de que la Iglesia ordene a varones casados.

Papas casados

El sociólogo y periodista Guillermo Francisco Adrián Pini ofreció ésta lista de papas casados:

San Félix III (483-492, dos hijos), San Hermidas (514-523, un hijo), San Silverio (536-537), Adriano II (867-872, una hija), Clemente IV (1265-1268, dos hijas), y Félix V (1439-1168, un hijo).

Según la investigación del referido sociólogo-periodista, la Iglesia cuenta además con los siguientes casos de papas que fueron hijos de otros papas o de sacerdotes:

San Damasco (366-384, hijo de San Lorenzo, sacerdote), San Inocencio I (401 -417, hijo del papa Anastasio I), Bonifacio (418-417, hijo de un sacerdote), San Félix (483-492, hijo de un sacerdote), Anastasio II (496-498, hijo de un sacerdote), San Agapito (535-536, hijo del papa Giordano), San Silvero (536-537, hijo del papa San Hermidas), Marino (882-884, hijo de un sacerdote), Bonifacio VI (896-896, hijo del obispo Adrián, duró sólo 15 días en el pontificado), Juan XI (931-935, hijo del papa Sergio III) y Juan XV (989-996, hijo del sacerdote León).

Hubieron papas que tuvieron hijos en pleno pontificado: Inocencio VIII (1484-1492), Alejandro VI (1492-1503, padre de los célebres César y Lucrecia Borgia), Julio (1503-1513), Pablo III (1534-1549) Pío IV (1559-1565) y Gregorio XIII (1572-1585).

Por política y por dinero

En su encíclica “Sacerdotalis Coelibatus” (1967) el papa Paulo VI dijo que “el celibato es una manifestación de amor a la Iglesia” instituido por Jesús, “pontífice supremo y pastor eterno”.

Sin embargo, el celibato no nació como un acto de amor a la Iglesia sino que fue impuesto en la Edad Media, época oscura e ignorante, por razones netamente políticas y económicas.

La nobleza europea no quería papas con hijos para impedir la sucesión papal por consanguinidad. Se tomó la medida como una forma de impedir que una familia se perpetúe al frente del Vaticano.

En cuanto a la Iglesia, su interés estaba en la herencia de bienes de los clérigos, obispos, cardenales y papas.

El celibato garantizaba que esos bienes quedaran para la Iglesia, no para la familia del muerto.

En resumidas cuentas, el celibato fue impuesto no por razones teológicas sino en atención a dos de las palancas que mueven el mundo: política y dinero.

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