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Las diferentes historias sobre la muerte de Carlos Servando Piccoli

Por Mario Vidal

En acto realizado por la Fundación “Patrimonio Colectivo Carlos Servando Piccoli” y la Universidad Nacional del Chaco Austral, en la Escuela Primaria 143 de Pampa Alegría se descubrió una placa en homenaje a Carlos Servando Piccoli.

La ceremonia trajo a mi memoria que el sábado 17 de marzo de 1977 el diario “Norte”, aún propiedad de Juan Carlos Rousselot, vinculado a la Triple A, trajo una triste noticia.

“Abrumado por la actitud de su hijo se habría suicidado el padre de un delincuente subversivo”, rezaba el título

Dicha crónica decía:

“Una dramática situación se habría vivido en un hogar chaqueño ante la decisión de un viejo residente que, apabullado por la situación de un hijo vinculado a la guerrilla, habría optado por quitarse la vida.

El hecho se habría registrado en el Lote 115 de Pampa Alegría, jurisdicción de Presidencia Roque Sáenz Peña, y su protagonista habría sido Luís Piccoli, de 59 años, padre del delincuente subversivo Carlos Servando Piccoli, que se encuentra prófugo.

Según informaciones extraoficiales, la esposa del atribulado agricultor lo habría hallado en el interior de un galpón existente en la finca, colgado de una gruesa soga, a una altura aproximada a los tres metros, y en medio de dos vehículos de su propiedad.

Las mismas fuentes señalan que Luís Píccoli vivía en un estado de depresión por la situación del hijo, ausente del hogar desde hace tiempo y conectado con actividades subversivas.

Esta situación habría impulsado a éste viejo agricultor a la tremenda decisión adoptada, sumiendo aún más a toda su familia en un estado de íntima congoja”.

Pasaron dos años. En la noche del 21 al 22 de abril de 1979, el citado guerrillero rural, hijo del agricultor Luís Piccoli, fue muerto a tiros en un camino vecinal.

“Le dispararon por la espalda”

Sobre las circunstancias de su muerte, su hermano Mario Piccoli dio ésta versión:

“Carlos venía esa noche en bicicleta hacia la casa de mi madre. Los dos agentes que estaban esa noche de guardia en un camino vecinal lo acorralaron y lo mataron. Era de madrugada. Le dispararon a quemarropa y por la espalda tres tiros. Pateándolo y golpeándolo sin piedad lo dejaron abandonado en medio de una agonía. Luego regresaron y tiraron su cuerpo en la parte de atrás de una camioneta policial, llevándolo a la comisaría de Presidencia Roque Sáenz Peña”.

Solamente tres personas estaban allí, en medio de la oscuridad del infinito monte: dos policías y un guerrillero. ¿Quién vio que le dispararon a quemarropa tres tiros?. ¿Quién vio que lo pateaban y lo golpeaban sin piedad para luego dejarlo abandonado en medio de una agonía?. ¿Quién vio que luego regresaron y tiraron su cuerpo en la parte de atrás de una camioneta policial para llevarlo a la comisaría de Presidencia Roque Sáenz Peña?.

Imposible determinar que realmente así ocurrieron las cosas. No hubo que presenciaran el hecho. Salvo que los árboles o los yuyos del lugar hayan hablado.

Roberto Baschetti: “Cayó en combate”

Roberto Baschetti es sociólogo, historiador y también ex Montonero. Escribió más de 25 libros sobre el peronismo. En uno de sus trabajos, titulado “Militantes revolucionarios: uno por uno”, dedicó un capítulo a Carlos Servando Piccoli. Allí ofreció una versión muy distinta de lo ocurrido esa fatídica madrugada.

Baschetti dijo lo siguiente:

“Perseguido antes y después del 76, el Ejército Argentino reiteró el pedido de captura contra él el 7 de diciembre de 1977.

Sabiendo que si se quedaba estático perdía, Piccoli se alzó al monte del interior del Chaco donde junto con los compañeros Lovey, Oriansky, Molina y otros emprendieron la resistencia a los intentos de aniquilamiento de la dictadura.

Éste grupo llegó a ser legendario en la zona y desbarató uno a uno los impresionantes operativos militares con el fin de capturarlos.

En septiembre de 1978, Carlos Piccoli, convencido por el Movimiento Peronista Montoneros, viajó al exterior para definir planes de acción en su ámbito.

Regresó en diciembre (en el marco de la denominada “Operación Retorno”), con el objetivo de reorganizar al campesinado por medio de las Ligas Agrarias y reunificar al peronismo en torno a sus banderas revolucionarias.

En cumplimiento de dichas funciones, el 21 de abril de 1979 a los 28 años cayó en combate contra las fuerzas de la dictadura.

Fue sorprendido por el enemigo en la Colonia La Matanza, jurisdicción de Quitilipi. Al toparse con una patrulla del Ejército, Carlos Píccoli, que iba solo, en una bicicleta, se resistió a la orden de entregarse con vida y peleó hasta el final.

Lovey: “¡Moriste peleando!”

Héctor Raúl Lovey, dirigente de las Ligas Agrarias Chaqueñas y a la vez militante montonero, fue otro de los que afirmaron que Piccoli “murió peleando”.

Estas fueron sus palabras: “Acusamos el impacto por la pérdida de un compañero de batalla. Por eso hoy el mejor homenaje que te podemos rendir es renovar el juramento de continuar la lucha sin desmayos junto a los trabajadores, junto a los campesinos y junto a todo el pueblo, por esa misma causa de liberación por la que vos y tantos miles de heroicos compañeros ofrendaron generosamente sus vidas.

Tu muerte física no empañará jamás la claridad de tu ejemplo victorioso. Vivirás en cada rancho, en los pechos de la juventud campesina y en los miles que levantarán las banderas e imitarán tu ejemplo. Porque aquel camino de tierra en que retuvieron tu cuerpo es para nosotros el más ancho, el verdadero, el camino de la victoria, el camino del pueblo. ¡Porque moriste peleando, como muere un Montonero, con un grito en la garganta, de pie, y combatiendo!”.

Confrontaban, entonces, dos versiones distintas. Según su hermano dos policías le dispararon cobardemente por la espalda, pero según los ex montoneros Mario Baschetti y Héctor Raúl Lovey murió en combate al toparse con una patrulla del Ejército.

Una bala en la cabeza

Hace cuatro años, en el 2015, a solicitud del Juzgado Federal de Resistencia, un equipo de Antropología exhumó y revisó su cuerpo. Se determinó que su muerte se produjo por una bala de grueso calibre que le perforó la cabeza.

Además de la certeza de que una sola y única bala fue la que se llevó su vida, hay otra certeza:

Que Carlos Servando Piccoli fue uno de los tantos perejiles que terminaron muertos de cara al cielo mientras sus máximos jefes se daban la gran vida en Europa con los millones de dólares que cosecharon con sus robos y sus secuestros.

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