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La salud en la transición electoral

Son crisis y oportunidades para el cambio.

Por Alfredo Zurita

Pocas cosas cambiarán en seguridad y educación en la próxima transición electoral provincial y nacional, solo las máximas autoridades serán reemplazadas, y así ocurría en salud hace 50 años. Se cambiaba al ministro y al director del Perrando, y se seguía adelante, pero en las cosas en salud han cambiado progresivamente, y ahora toda la planta central y los directores de todos los hospitales son reemplazados, aunque se trate de transición dentro del mismo partido político, donde incluso hay más saña que cuando es entre partidos, y también ocurre algo similar al cambiar el ministro dentro del mismo gobierno.

Algo similar ocurre en las demás provincias, y países del tercer mundo.

Las consecuencias son conocidas, se interrumpen programas, sin importar si eran buenos o malos, porque todos son calificados de malos, y los organismos internacionales recuperan los profesionales más experimentados para usarlos en terceros países.

Que tiene de diferente el área de salud de seguridad y educación para que esto ocurra? La baja institucionalidad es una de las razones, al no haber estatutos y carreras, la autoridad puede actuar en forma discrecional. La única carrera profesional que llegó a aplicarse en la provincia en 1972 fue suspendida al año siguiente, (aunque se respetaron los concursos hasta que sus ganadores se jubilaron), y desde entonces solo han existido comisiones de estudio, y aún comisiones para aplicar una carrera sancionada a fines de 2015, por lo que podemos suponer se continuará asi indefinidamente, estudiando y estudiando.

Otra diferencia es que la educación y la seguridad benefician a toda la población, por lo que los pudientes aceptan financiarla con buena calidad, o al menos lo hacían en el pasado, pues la educación y seguridad privada la van desplazando, pero las acciones de salud, solo unas pocas, como las campañas de vacunación, o control del dengue benefician a todos, en tanto que la mayoría solo benefician a quien las recibe, y son las más costosas, por lo que consciente o inconscientemente el pudiente no verá con mucho agrado gastos en ese rubro, más allá de un mínimo para que la gente no muera en la calle, como ocurría antes que la Iglesia Cristiana inventara el Hospital como institución para el “bien morir”, y exhortara a los fieles a donar para ello contra créditos en el más allá, así como placas en las iglesias “donado por XX”.

No se ve mal que los pudientes envíen sus hijos a las universidades públicas, financiadas con el dinero de todos, aunque los pobres tienen menos chances de usarlas, aunque si se vé mal que usen los servicios públicos de salud, puesto que ellos están destinados a los pobres, una herencia de sus orígenes, que se ha superado en los países desarrollados, pero no aquí, donde las palabras clínica y sanatorio han sido tergiversadas para designar hospitales privados, o en el caso que la palabra se use, se agregará un adjetivo, Italiano, Francés, Alemán, etc., para que quede claro que no es un hospital para pobres.

Diversos intentos como el Hospital de Comunidad, de Autogestión han intentado superar la situación con suerte variable, aunque en los más cercanos, Posadas, Formosa, se ha dejado en funcionamiento el viejo hospital para atención de los pobres, en tanto que el nuevo se dedica preferentemente a pacientes con obra social, o que pueden pagar, pues la experiencia del Sistema Nacional Integrado de Salud, SNIS; aquí me convenció que sería poco aceptable para los pudientes que los pobres estén internados en la cama de al lado.

Chile está convulsionada en estos días, y aunque su sistema de salud pública es considerado uno de los mejores de América Latina, con bajas tasas de mortalidad infantil y materna, inferiores a las argentinas, y los aportes de los trabajadores para salud van al sistema público, como lo pretendía inicialmente el SNIS, la aparición de las prepagas, que capturan los aportes de los jóvenes de clase media, en tanto dejan los ancianos al sistema público, está creando diferencias, que según analistas son las causas profundas de las revueltas.

En la crisis se pueden concretar soluciones imposibles en situaciones normales, y en 2001 las obras sociales estaban fundidas, así que se planteó concretar la idea del SNIS de 1973 y 1983, de integrar sus fondos a salud pública, pero no pudo ser. Se redujo la cartilla de prestaciones de las obras sociales, y de esa manera zafaron, lo que ocurre aquí vía plus, que limita al de bajo salario.

Veremos si la promesa de medicamentos gratis a los jubilados permite distender la situación, o el gobierno podrá tomar medidas de fondo aprovechando esta crisis, o forzado por ella.

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