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Hoy llueve….ayer también

La lluvia no es caprichosa. Tampoco un accidente ni un castigo. Es un  resultado. El hombre se apropió de la naturaleza en pos de su ambición y cambió el clima. ¿No? No recuerda o no sabe de los desmontes, del desequibrio justo que marcaba la perfección de la creación.

El hombre  rebelde y desobediente no escuchó las demandas, los reclamos, las arengas, las suplicas de los ecologistas.

No escuchó al Licenciado  Jorge Castillo,  al dotor Mainoloff fallecido, al gran profesor Popolizio, prefirió jugar con lo más preciado que tenemos nuestra casa la tierra.

Ahora pareciera que llorara a cántaros, pero el suelo no la sostiene ni el cielo guarda las nubes.
Esto que pareciera una novelita rosa, tiene costos inmensos en la vida misma de sus protagonistas, costos que sólo hablarán del deterioro, de siembras que se ahogan,  casas que se anegan,  gente que se aísla, de otras que se morirán sin que se sepa.

Aun así, la lluvia, da una moraleja, en algunos espacios la solidaridad surge para mostrar que todos son iguales ante el dolor y la pérdida.

Da la lección para que el que quiera oír que oiga, si esta lección les sirvió, no dañen más al Planeta, y cambien la conducta con sus pares, los mismos que los ayudó en esa esquina cuando el agua lo arreciaba.

Y por último, no sean caprichosos. Sepan que esto ocurre y ocurrirá si no  harán será `para PREVENIR y no para luego lamentarse y volcar culpas.

Hoy el cielo está enojado.

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