Sociedad |

Hay poco... algo

Por Mónica Persoglia

Una joven madre entró a un supermercado, tomada de la mano de su pequeña, de alrededor de tres años.

Expectante por las nuevas medidas, recorrió las góndolas, buscando principalmente leche, azúcar, productos de limpieza y ver las ofertas.

Grande fue su sorpresa al ver que los carteles no coincidían con la realidad y no invitaban a comprar. “0 IVA” rezaban y los precios eran asombrosamente altos, en comparación al tiempo transcurrido.

Sara, debía llevar lo indispensable, no debía excederse de $ 500. Qué comprar primero, se preguntó. Alzó a su pequeña que lloriqueaba y le enjugó las lágrimas y le sonó la nariz.

Siguió caminando dentro del recinto, viendo estantes vacíos.

Llegó a la caja, y dijo: deme una leche, una harina y un aceite.

Tuvo un exiguo vuelto, que aprovechó para comprar algo de pan y unos gramos de molida.

¿Cómo están las cosas? Le preguntó alguien en la puerta del supermercado, ella apuró el paso, y sonrió.

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