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Francisco podría beatificar a Eva Perón por el 68° Aniversario de su muerte

Por Vidal Mario (*)

Francisco tiene en su mesa un pedido de beatificación de Eva Perón. No habría problemas con el primer paso exigible para su beatificación: ser declarada “sierva de Dios”. Sin embargo, sería necesario que se atribuya a ésta posible nueva santa un mínimo de dos milagros. Aunque esto podría ser obviado si se la reconociera que efectivamente fue una “mártir del trabajo”.

Según Francisco, pueden ser beatificados todos quienes “con la intención de seguir al Señor e impulsados por la caridad han ofrecido heroicamente su propia vida, aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura”.

El pedido de beatificación de Eva Perón fue hecho por la CGT con el argumento de “la Iglesia debe acompañar el sentir popular y colocarla en los altares oficiales para felicidad de nuestros fieles y santos”.

Al margen de éste detalle de rigurosa actualidad, la muerte de Eva Perón, ocurrida el 26 de julio de 1952, ofrece una infinidad de recuerdos. Algunos de ellos son los que siguen a continuación:

La Cámara de Diputados de la Nación dedicó íntegramente sus sesiones de los días 18,19,25 y 26 de junio de 1952 al proyecto de creación de un gigantesco monumento a Eva Perón, ya gravemente enferma. El Senado de la Nación hizo lo propio en sus sesiones de los días 2,3 y 4 de julio. Todas esas sesiones se emplearon en discutir la que después sería ley 14.124, de erección del monumento. Para exaltar las virtudes de Eva Perón y justificar el colosal emprendimiento, que debía ser superior a la Estatua de la Libertad de Nueva York, se pronunciaron un total de 84 discursos.

Una de las oradoras fue la diputada nacional Celfa Argumedo, quien dijo: “¡Plásmese en mármol y bronce la efigie de nuestra Madre Eva! Que quede junto a estas realizaciones, para contemplación y veneración de las generaciones venideras, el monumento que el pueblo agradecido le levantará muy pronto a Eva Perón, frente al cual presiento, en un día muy lejano, se encontrará uno de los privilegiados de hoy, un niño del presente, peinando canas sobre la arrugada frente que albergará un recuerdo feliz de la hora actual, para mostrar a su nieto la figura grácil y bella del ángel que veló su infancia, y al preguntarle el niño “¿quién es?”, responderá, sin poder impedir que unas lágrimas empañen sus pupilas: “Es la Patria”.

Desde su lecho de enferma, la propia Eva Perón ordenó que su monumento “sea el mayor del mundo. Tiene que culminar con la figura del descamisado, y en el monumento mismo haremos el museo al peronismo. Habrá una cripta para que allí descansen los restos de un descamisado auténtico, uno de aquellos que cayeron en las jornadas de la Revolución. Lo buscaremos y él representará a todos los descamisados. Allí, espero descansar yo cuando muera”. Esto fue relatado en 1953 por la Subsecretaría de Informaciones. La cripta a la que se refería Eva Perón debería ser similar a la tumba que guardan los restos de Napoleón. Muy alta, pero de entrada baja “para que los contreras se agachen”, según ella misma pidió.

Días después de la muerte, se organizó en los colegios un concurso nacional de composición alusiva a su fallecimiento. La hoy muy conocida escritora Beatriz Sarlo, que entonces tenía diez años, ganó uno de los premios con una composición sobre la madre. Su padre, sólidamente antiperonista, no le permitió ir a recibir su premio. La directora de la escuela lo llamó para decirle “si usted no deja que su chica vaya a buscar el premio pone en peligro a la escuela”. El hombre accedió, pero no permitió que la madre de la ganadora fuera a la recepción del premio. La llevó una tía suya. El premio era un ejemplar de La razón de mi vida lujosamente encuadernado en rojo.

Días después de su muerte, hubo un pedido de imponer su nombre a la ciudad de Resistencia. El pedido, que llevaba la firma de Máximo Ramallo, secretario de la unidad básica de El Pintado, expresaba: “En los momentos amargos que vivimos por la pérdida irreparable de nuestra Jefa Espiritual de la Nación, Dama de la Esperanza, Compañera Evita, Protectora de los Humildes, Ancianos, Niños y Obreros, Mártir del Trabajo y Ejemplo para la Humanidad en Sacrificio y Noble de Corazón, desde éste lejano lugar de, como ella, querida patria, todos los peronistas de ambos sexos imploramos y rezamos por el descanso de su alma. Y para que perdure en la mente y labios de todos los peronistas el nombre de la infatigable esposa del General, que dio la vida por su pueblo rogamos presentar la iniciativa de ésta Unidad Básica de que sea designado con el nombre de Eva Perón a la capital de ésta provincia, Resistencia”.

El 20 de agosto de 1952, el diputado nacional Alfredo Fontana presentó un proyecto de ley propiciando que todas las luces del país parpadearan todos los días a las 20:15, hora de la muerte de Eva Perón.

El 11 de septiembre de 1952, la diputada nacional presentó otro proyecto que propiciaba se pinte en la bóveda de la cúpula del Congreso una pintura que represente la “glorificación de Eva Perón”.

El duelo decretado por el gobierno nacional duró un mes entero, lapso en que todo el país estuvo sumido en un silencio propio de los cementerios. El velorio duró catorce días. Para su filmación la Subsecretaría de Información Pública contrató al cineasta norteamericano Edward Cronjojer, cuyo trabajo fue difundido al mundo a través de la 20 Century Fox. El traslado del cuerpo embalsamado al edificio del Congreso fue escoltado por diecisiete mil soldados de las tres Fuerzas Armadas.

Tras su muerte, surgieron numerosos textos escolares alusivos a su figura. Los alumnos del primer grado escolar aprendían a leer con frases como ésta: “Tengo, tengo, tengo/ tú no tienes nada/ yo la tengo a Evita/ Santa y Adorada”.

Para abril de 1955, con algunas modificaciones que incluían una estatua de Perón, el monumento arriba citado seguía en plena construcción. El gobernador Felipe Gallardo quiso que la entonces Provincia Presidente Perón estuviera allí representada. Así que puso en un artístico cofre tierra autóctona y la envió en avión para ser depositada ante la obra. Para despedir al avión se hizo un acto en el campo de la aviación (hoy cancha de Central Norte). Asistieron Gallardo, varios de sus más altos funcionarios y una gran cantidad de afiliados peronistas.

“Volveré y seré millones” se le escuchó decir una vez a Eva Perón. Esa frase se hizo después muy famosa. En realidad, esas palabras no nacieron de ella sino de su libretista. Era una copia de la consigna del líder indígena Túpac Katari, en Bolivia, quien antes de ser descuartizado dijo: “A mí me mataréis, pero mañana volveré y seré millones”.

Tras su muerte, el diario “Democracia” llegó a afirmar que “la única voz que tuvo una resonancia igual a la de Evita fue la voz de Jesús”, en tanto que la senadora Hilda Nélida Castiñeira la comparó con Catalina la Grande, Isabel de Inglaterra, Isabel la Católica y Juana de Arco. En todas partes se vendían estampas de la Virgen María con la cara de Eva Perón.

(*) periodista e historiador.

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