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El temor a la Gripe A

Nada tan complejo como transmitir información sobre epidemias.

Por Alfredo Zurita

Hasta hace unos años la gripe no era considerada realmente una enfermedad, sino un mal menor, que ni requería consulta médica, siendo suficientes los remedios de la abuela. Los niños con la excusa de la fiebre podían faltar a la escuela, pero los adultos iban a trabajar con gripe y todo, y nadie se preocupaba por saber la gripe de que letra del abecedario tenía. Había una vacuna disponible, que casi nadie se ponía porque tenía poca publicidad, había que comprarla, y las empresas no invertían en su desarrollo por la escasa demanda.

Ahora un solo caso de gripe A, una de las más frecuentes, sale en la prensa, si es un adulto puede terminar en terapia intensiva, y si es un chico los padres piden que se cierre la escuela para desinfección.

Las autoridades se esfuerzan por tranquilizar a la población, la A es como la de las épocas de la abuela, pero me temo con poco éxito, en parte porque se desconfía de los funcionarios públicos, de las empresas farmacéuticas, y de la profesión médica en general, lo que se expresa en movimientos anti vacunas y expansión de medicinas alternativas.

El cambio se produjo en 2009 por la declaración de la Organización Mundial de la Salud de que se venía una pandemia de gripe con un virus nuevo que venía en parte de cerdos y aves, animales que también tienen gripe, y que podía replicar la pandemia de 1918 llamada gripe española aunque se había iniciado en Estados Unidos, y que mató más personas que la Primera Guerra Mundial que acababa de finalizar.

Argentina, como casi todos los países tomó las cosas a la tremenda, se instalaron detectores de temperatura en los aeropuertos para aislar a los pasajeros que tuvieran fiebre, se suspendieron los vuelos hacia y desde México, país donde habían aparecido los primeros casos, se suspendieron las clases y espectáculos públicos, etc.

Los consultorios funcionaban hasta la madrugada, y todo el mundo se hacia el análisis para saber si lo que tenía era o no gripe A, aunque se dijo que esto no tenía importancia para el tratamiento, así que había que pagarlo.

Un medicamento contra el virus gripal cuyo uso no se había generalizado por baja eficacia se convirtió de pronto en algo muy buscado, cada país compro todo lo disponible y se lo almacenó en los cuarteles para evitar robos, y se pidió a las empresas que fabricaban la vacuna elaborar la mayor cantidad posible, y como no era posible que alcanzara para todos empezó la discusión sobre quienes la recibirían en prioridad, soldados, personal de salud, choferes, etc.

Al final todo resultó un fiasco, la nueva gripe fue más benigna que la del año anterior, y solo tuvo efectos nocivos sobre embarazadas. En suma una falsa alarma, y hubo quejas por la conducta de la OMS, incluyendo sospechas de soborno para beneficiar a fabricantes del medicamento y la vacuna.

Pero la alarma quedó, y sigue incorporada a la cultura. La gripe A es muy peligrosa y toda precaución es poca.

La ciencia cambia, a veces con rapidez, y eso es difícil de asimilar para el lego, creando confusión, por lo que transmitir mensajes sanitarios masivos a la población debe hacerse con extremo cuidado, tomando en cuenta que será recibida por personas de diferente nivel educacional y cultura que la interpretarán según sus conocimientos y prejuicios.

También juega la credibilidad de los emisores, y muchas veces se prefieren conductores de TV a expertos en el tema, en tanto que se difunden medicamentos curalotodo como si fueran caramelos.

Muchas veces un intento por simplificar agrega confusión, y no es raro que se transmita gran cantidad de información irrelevante, en vez de centrarse en los aspectos esenciales del control, o que machete mediante, autoridades que no conocen del tema hagan metáforas inconvenientes o triunfalistas, o directamente macaneen, como pasó en 2009.

En el pico de la epidemia hubo recambio en el ministerio nacional de salud, y el nuevo ministro declaró al asumir que había 100.000 casos de gripe A y no 1.000 como había dicho el día anterior su antecesora, quien luego conto la interna que hubo sobre suspender o no las legislativas de ese año cuando las encuestas venían bien para el gobierno versus aumentar la difusión de la epidemia por la aglomeración electoral.

La directora de OPS/OMS de visita en el país pocos días después al ser consultada dijo que mezclar el control de epidemias con la política no era una buena combinación, aunque creo aún no hemos encontrado la forma de separarlas.

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