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El ocaso de los cementerios

Cambia, todo cambia, dice la canción.

Por Alfredo Zurita

La rapidez con que se está instalando la cremación reducirá progresivamente la importancia de los cementerios, y por lo tanto las visitas a los mismos, incluyendo la del Día de los Muertos.

El Vaticano ha prohibido a los fieles la dispersión de las cenizas en la naturaleza por temor a que esto aliente otras creencias vinculadas a la reencarnación, puesto que efectivamente nuestras cenizas están formadas por átomos, que son ellos mismos inmortales, así que a la larga o a la corta serán incorporados por otros seres vivos. El bife que me estoy comiendo tiene átomos de nitrógeno, que vienen de las plantas que comió la vaca, las que su vez los absorbieron del suelo, donde llegaron desde otros seres vivos en descomposición, o cremados, de tal manera que mi bife puede tener átomos que alguna vez estuvieron en un remoto antepasado, o en una cucaracha, o mis átomos pueden terminar en el cuerpo de una hormiga.

A medida que el cristianismo se expandía se puso de moda enterrar los muertos en el piso de las iglesias, de modo que estuvieran más cerca de Dios, y el cura cobraba los correspondientes derechos, tanto más costosos cuanto más cerca quedaba el cuerpo del altar. Las ruinas de Cayasta, la primitiva Santa Fe, lo mostraban con claridad, puesto que los cuerpos sepultados fueron momificados en forma natural, y al excavarse las ruinas quedaron al descubierto a escasa profundidad y ordenados en filas. Al lado mismo del altar estaban los cuerpos del fundador y su esposa, y los diferentes curas, y más alejados los de los fieles.

Lógicamente el olor dentro de las iglesias era terrible, lo que se resolvía en parte quemando incienso, pero una epidemia en el país vasco, que se atribuyó a esto resolvió al rey Carlos III de España en 1778 a prohibir entierros en iglesias, y crear cementerios alejados de las poblaciones.

Esto mismo pasó en otros países europeos, coincidiendo con la declinación del poder de la iglesia en la vida civil, y fue el mismo rey Carlos III quien expulsó a los jesuitas de América y también de España, en tanto que el Papa disolvió la orden. Como pasa en cualquier partido político las líneas internas son toleradas en tanto no compitan con el mandamás, cuando lo hacen son expulsadas.

El General San Martin, un hombre muy progresista y del que se dice era además masón, prohibió los entierros en las iglesias en el Perú, al ser designado gobernador civil, según me informo el guía de la catacumba de la iglesia de San Francisco en Lima. Para resolver el problema del espacio los cuerpos eran sepultados en la tierra del sótano, la catacumba, por pocos años, y luego exhumados y colocados en pilas por tipo de hueso. Según el guía había 80.000 esqueletos allí, así que había una pila con 80.000 cráneos, otra con 160.000 fémures, y así por el estilo.

Sin embargo, la Iglesia siguió controlando el tema por mucho tiempo, y en mi pueblo natal, en Córdoba, el cementerio fue propiedad de la Iglesia hasta 1970 cuando fue municipalizado, y los impuestos correspondientes comenzaron a entrar al fisco municipal en vez de las arcas de la parroquia.

La Iglesia prohibía la cremación de cadáveres hasta hace pocas décadas, lo que impidió a los golpistas de 1955 destruir de este modo el cadáver momificado de Eva Perón, ya que el médico a cargo del embalsamamiento les informó que el proceso no era reversible, y solo podía ser destruido por el fuego. Eso llevó al entierro secreto en Italia para evitar la peregrinación de sus fieles. Lo mismo que se hizo más recientemente con Bin Laden, sepultado en el mar, y más reciente aun con el líder del ISIS. En ambos casos encontraremos sus átomos al comer algún pescado.

¿Qué pasará por tanto con los cementerios una vez que no se entierre más nadie allí? La mayoría desparecerán, pero otros por la importancia de quienes están sepultados allí, y el valor de los monumentos quedarán como lugares turísticos, y ya Corrientes ha iniciado visitas guiadas al suyo, así que quizás sea cuestión de estudiar un poco la prosapia de los muertos locales, condesa La Saige, y otros, e iniciar visitas guiadas.

En cuanto a los cementerios parque, una moda de los últimos tiempos, no parece durará mucho tiempo más, por la simple aceleración de los tiempos, que hace cada vez más rápidos los cambios de las costumbres.

Es posible, como previó el autor de Un Mundo Feliz, hace casi un siglo, que las cenizas dentro de un tiempo no sean entregadas a los parientes, sino aprovechadas para recuperar los minerales valiosos que contengan, al ser estos cada vez más escasos, y ya se hace en Europa con el titanio de las prótesis, un metal sumamente costoso.

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