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El negocio de la ciencia en bancarrota en Argentina

Hoy se festeja el Día del Investigador en Argentina, por ser el día del nacimiento de Bernardo Houssay, farmacéutico y médico, y nuestro primer premio Nobel en ciencias en 1947, y ayer hubo quejas varias de científicos al gobierno por haber reducido el ingreso a la carrera de investigador del Conicet al 17 % de los postulantes, todos doctores en ciencia o humanidades.

Los que no hayan podido entrar deberán emigrar, o rebuscarse como remiseros, porque las empresas privadas no los necesitan, a diferencia de Estados Unidos, país líder en ciencia, donde no hay Conicet ni nada parecido, pero todos los doctores son absorbidos por las empresas privadas en busca de ganancias mediante nuevos productos a partir de las investigaciones.

Como ese tipo de empresas, de base científica, son raras en Argentina, el único empleador posible es el Conicet, creado por Houssay después del golpe de 1955, y perfeccionado durante la presidencia del Dr. Frondizi. Nuestra economía reposa como es sabido, sobre el cultivo de soja transgénica, desarrollada por investigadores yanquis, que se mantiene libre de yuyos gracias a un herbicida también desarrollado por los yanquis, que los ambientalistas repudian.

Veamos la historia de Houssay. Profesor de Fisiología en Medicina de la Universidad de Buenos Aires, comenzó a trabajar en la investigación básica de la diabetes, lo que lo llevó al premio Nobel, aunque fue dejado cesante luego del golpe de estado de 1943 por haber firmado una carta de apoyo a los Aliados. Al año siguiente fundó un Instituto privado de investigación donde prosiguió con su trabajo. Esa institución sigue aún, fue donde trabajó el segundo Nobel en ciencias, bioquímico Leloir, y donde trabaja el que tiene más chances de ser el tercero, bioquímico Rabinovich. Este instituto pasó a formar parte de la UBA y el Conicet después del golpe de 1976, pero sigue recibiendo aportes privados que pasan factura cuando el Conicet los olvida al publicitar logros.

Durante su gestión en la UBA Houssay mantuvo duras polémicas con otro profesor, el abogado Alfredo Palacios, primer diputado socialista de América, sobre el ingreso en medicina. Houssay era partidario de formar una elite reducida de médicos científicos, en tanto que Palacios defendía el ingreso masivo. El debate sigue hoy en día con la mayoría de carreras públicas, que restringen el ingreso a pocos, en tanto Rosario y la Plata dejan ingresar a miles cada año.

Para su instituto privado tomó como modelo la Fundación Rockefeller, subsidiaria de la poderosa petrolera, una entidad que defendía la idea de formar una elite de médicos científicos, , y difundió esta idea por el mundo, donde se la conoce como Reforma Flexneriana, por Flexner, el profesor que la ideó.Consiste en enseñar ciencias al médico, y no solo el oficio de la medicina, conocido como "arte".por no ser ciencia.

El médico que llevó la Reforma Flexner por el mundo, en su autobiografía, confiesa su perplejidad ante esta disyuntiva, formar solo una elite de medicos científicos, , para que atiendan a las elites, o formar miles, aunque sean media cuchara, para que todo el mundo tenga médicos baratos?. Como dije en el párrafo anterior este debate sigue, y ahora tenemos en el país carreras privadas de medicina privadas muy caras, que solo aceptan 20 estudiantes por año, carreras públicas que solo aceptan 100 o 200, y carreras públicas que aceptan 4.000. Como nadie ha estudiado si esto tiene que ver conque los médicos salgan peores o mejores, es un tema para la ciencia, y hasta que se haga hay opiniones varias.

La insulina, la hormona cuyo déficit produce diabetes había sido descubierta a comienzos del siglo pasado por investigadores canadienses, y comenzó a ser usada porque mejoraba a los diabéticos, sin mucha idea de cómo actuaba, lo mismo que pasó con la penicilina y muchos otros medicamentos, que en general provienen de lo que se llama investigación aplicada.

Lo que Houssay hacía se llama investigación básica, porqué funcionaba la insulina, y es lo que lleva al Nobel, cosa que explicó muchas veces el Dr. Favaloro, nunca la darían el Nobel porque su invento no era investigacion básica sino aplicada, biotecnológica.

Ese debate entre investigación básica y aplicada es viejo en el país, porque Houssay dejó una fuerte impronta de investigación básica, que no es negocio en forma inmediata, sino a más largo plazo, y la aplicada, para negocios ahora.

Si la ciencia no es negocio, sobre todo a corto plazo, pocos estarán dispuestos a invertir en ella, aunque quizás haya excepciones, y se suele citar a este respecto a los filósofos griegos, aunque muchos de ellos produjeron conocimientos útiles para la guerra, que es otra forma de hacer negocios. Leonardo da Vinci, otro científico más cercano, no solo hacia estudios de anatomía, sino que inventaba aparatos militares, que lo hacían muy apreciado por los mandamás de su tiempo.

Desde los últimos gobiernos se ha insistido en ciencia aplicada, y el ministro nacional viene de viene de ese origen, es un biotecnólogo como Favaloro, que es bastante irónico con los de ciencias humanas, lo que se ha reflejado en que los de estas ciencias que han entrado al CONICET esta año son solo cinco, en antropología y filosofía, en tanto que solo la UNCAUS ha logrado el ingreso de varios en biotecnología de alimentos, ciencia aplicada.

La prensa medica observa ayer la necesidad de investigaciones en glifosato, el polémico herbicida declarado potencialmente cancerígeno por la OMS, pero quien se anima a enfrentar los negocios de esta empresa multinacional que asocia ahora a la química alemana más grande del mundo, con su homóloga yanqui? Cualquier investigador con un mínimo de prudencia buscara temas menos conflictivos. Todo un dilema.

De todos modos no hay médicos investigadores ahora, lo que paga el Conicet es mucho menos de lo que se puede ganar en la práctica privada, aunque quizás era distinto en la época de Houssay, el médico que creó el Conicet.

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