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El día que Rosas fusiló a más de cien aborígenes

Por Vidal Mario*

El pasado 21 de julio, se cumplieron 184 años de uno de los peores crímenes del rosismo: la ejecución en el lugar donde hoy se levanta la Estación Retiro de más de cien aborígenes.

Juan Manuel de Rosas acumuló a lo largo de su tiranía una gran cantidad de cuentas con Dios, con la justicia, y con el prójimo.

Sarmiento sintetizó así lo que había sido su gobierno: “Tiranizó por tiranizar, tiranizó por deleite. Nunca le dio al país la paz que le había prometido. Por el contrario, de una punta a la otra del país su política fue de depravación, de hierro y de destrucción de todas las condiciones morales y jurídicas sobre las cuales debe descansar una sociedad humana”.

Dicho de otro modo, Rosas cumplió a rajatablas lo que prometió al asumir: “¡Que de esa raza de monstruos no quede uno entre nosotros, y que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y de espanto a los demás que puedan venir adelante!”.

La gente tal vez apenas recuerde el fusilamiento de Camila O’Gorman y de su pareja, el cura Ladislao Gutiérrez, que ordenó a instancias de la Iglesia porteña, según declaró. Pero hubo muchos crímenes más. Como aquel que llevó a la tumba a indios indefensos.

Por eso huyó como un vulgar delincuente a Inglaterra, cuando lo derrocaron el 3 de febrero de 1832.

La condena

El 17 de abril de 1861, un tribunal presidido por el juez Sixto Villegas lo sentenció a muerte “por tantos y tan horrendos crímenes comprobados contra el hombre, contra la patria, contra la naturaleza y contra Dios”.

También pidieron a Inglaterra su extradición, en éstos términos: “Los delitos probados a Rosas hacen de éste no un delincuente político sino uno de aquellos criminales a quienes las naciones cultas no pueden prestar asilo. Es obligación tácita y general entregar esta clase de delincuentes enemigos del género humano a las autoridades donde fueron cometidos los crímenes. Ofíciese para que por el conducto correspondiente se obtenga del gobierno inglés, cuyo suelo pisa Rosas, la entrega de éste criminal”.

Los cargos que llevaron al “Restaurador de las Leyes” a ser condenado a muerte fueron, entre otros: asesinatos individuales y en masa, masacres cometidas por la Mazorca en las calles de Buenos Aires entre 1840 a 1842, ejecución de prisioneros de guerra que ya se habían rendido, y confiscaciones y robos de propiedades de “salvajes unitarios”.

Masacre en Retiro

Uno de los “horrendos crímenes” por los que se condenó a muerte a Rosas fue la ejecución de más de cien indios pampas, ranqueles y borogas, que habían caído prisionero.

El fusilamiento masivo ocurrió en el término de un solo día, y los cuerpos fueron enterrados en fosas comunes que para ello se habían abierto en los terrenos de la Recoleta.

Los indios habían sido traídos desde Bahía Blanca a bordo del bergantín “Río de la Plata”. En el viaje, mataron a algunos tripulantes e intentaron escapar, pero fueron recapturados.

En represalia por ésta acción, el 21 de julio de 1836 todos fueron fusilados, en lotes de a diez.

Durante el juicio, el fiscal general Pablo Cárdenas describió así ese horrendo episodio:

“Así lo vemos fusilar en la plaza de Retiro ciento diez indios de una sola vez y en un solo día, regando con la sangre de estos infelices aquel paseo público en el cual se agrupaba la muchedumbre ignorante, ávida de presenciar aquella bárbara escena, aquel nuevo sistema de intimidación inventado para enseñar al pueblo a doblar la rodilla ante su voluntad, so pena de incitar la rabia del tirano, que disponía de la vida de los hombres como si fuesen bestias que mandaba al matadero”.

Misa por él, no

Rosas murió dieciséis años después, el 14 de marzo de 1877. Cundo la noticia llegó a la Argentina, el gobierno prohibió hacer ningún funeral ni misa en favor de su alma. Por el contrario, organizó un responso por el descanso de las almas de las víctimas de su tiranía.

*(Periodista, historiador)

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