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El coronavirus y la probabilidad de morir

¿Me moriré de esto o no?, una pregunta que el paciente raramente formula.

Por Alfredo Zurita

El coronavirus tiene algunas semejanzas con la poliomielitis, siendo las principales que la mayoría de los casos tenían pocos o ningún síntoma, y que el tratamiento de ambas tenía como objetivo no curar la enfermedad, sino evitar que el paciente muriera por insuficiencia respiratoria, para lo cual se usó en la poliomielitis el pulmotor de presión negativa y ahora en el coronavirus el respirador de presión positiva, un artefacto que todos codician porque no se sabe si alcanzará para todos los que lo necesiten, y por eso el objetivo de la gestión de esta pandemia no es evitar que la gente se contagie, algo que por ahora parece inevitable, sino que lo haga con la suficiente lentitud como para que se pueda colocar respirador a todos los que lo necesiten. A eso se refiere la frase “achatar la curva”-

Al final todos mas tarde o más temprano nos contagiaremos, como dice la primera ministro alemana Meckel, y también el coronel Berni, que siendo médico militar conoce mas de epidemiología que los civiles, puesto que en las guerras las epidemias matan mas que las balas.,

La gran pregunta que todos se hacen es cuál es la probabilidad de morir por el coronavirus, el 0,2 % como en Alemania, u 8 % como en Italia. En el primer caso en un millón de habitantes más o menos la población de esta provincia, morirían 2.000 personas, un tercio más de lo habitual, y en el segundo 80.000, diez veces lo habitual, y en parte esta diferencia parece que podría ser atribuida a que en Italia los respiradores no alcanzaron para todos porque tenían menos que los alemanes, y la pandemia avanzó mas rápido.

Claro que no basta tener los respiradores sino el personal experto en su manejo, los kinesiólogos en este caso, aunque mucho menos mencionados que médicos y enfermeras, y como conozco bien esta profesión por haber sido profesor de la carrera por muchos años, sé que es en su mayoría femenina, aunque los que se dedican al manejo de respiradores en terapia intensiva parecen ser mayoritariamente varones, en una cantidad que nadie parece conocer, en tanto que sí parece más conocido el número de equipos.

Adicionalmente he tenido experiencia personal de estar en terapia intensiva y con respirador por varios días. Una experiencia poco agradable que no recomiendo.

La curva se achatará o no con las medidas adoptadas?, una pregunta que parece la más importante en el momento, porque de ello depende aflojar, mantener o endurecer aún más las medidas. Sobre esto los pronósticos son variados, algunos basados en modelos matemáticos y razonamiento cartesiano, lo que dice usar el presidente, y otros en “pálpitos”, preferidos por el ministro de salud, así como en información sobre cuánto tiempo podrá la población mas pobre aguantar las medidas que privan de ingresos a todos los que dependen de la economía informal, a los que se piensa controlar distribuyendo plata, comida y por la fuerza, de ser necesario, tal como aseveró el presidente.

Una gran limitante de los “pálpitos” es que cada uno los tiene diferentes, y en gran medida su acierto depende de tener experiencia en el tema, algo que nadie en Argentina tiene porque nunca hubo epidemias de coronavirus, , y como el ministro ya erró su palpito que el coronavirus no llegaría, o dentro de mucho tiempo, ha sido discretamente retirado de la escena, y reemplazado por una de sus subalternas, en tanto que los modelos matemáticos tienen el problema de desconocerse el valor de sus variables.

Una de mis primeras tareas en la provincia fue tratar tuberculosos, y pensé con ingenuidad de clínico, que lo mas importante era mejorar los medios diagnósticos y el tratamiento, cuando en realidad lo mas importante, como supe luego, era mejorar la continuidad del tratamiento, algo que aún no ha sido resuelto y causa un millón de muertes en el mundo, pese a que desde hace décadas hay buenos métodos diagnósticos y buenos tratamientos.

Cuánto tiempo podrá mantenerse el lavado de manos y otras medidas cuando se levante la cuarentena y el virus siga circulando? Ya tenemos la experiencia de la pandemia de la gripe A en 2009. En ese año se consiguió que alguna gente se lavara con frecuencia las manos y no fuera a trabajar por una semana cuando estaba engripada para no contagiar, pero esa costumbre se abandonó progresivamente, y pocos años después una colega me pide revisar un estudio sobre el personal de enfermería de un gran hospital de la región. Lo leo y le observo que la cifra de ausentismo debe estar equivocada, es demasiado baja. Me aclara que no, el personal de enfermería va a trabajar aunque esté enfermo, para no perder bonificación por presentismo

El que el control del coronavirus esté en manos de clínicos y estadísticos y no de epidemiólogos es también preocupante, pero no hay otra alternativa porque las vocaciones escasean en esta especialidad, que no ofrece posibilidades de ejercicio liberal, sino solo estatal, con escasa estabilidad además, como vemos ocurre cada vez que cambia el gobierno, y el epidemiólogo de turno puede terminar castigado como médico de centro de salud, como ocurrió en 2009 demorando el control de la epidemia de dengue en la provincia.

Un error epidemiológico común que estoy viendo en el análisis de esta pandemia es confundir la incidencia, el número de casos nuevos, con el registro, los casos conocidos, y aunque ambas cifras pueden ser mas o similares en algunas enfermedades, no ocurre lo mismo en el coronavirus donde los países con buena capacidad de testeo están encontrando mas casos asintomáticos que sintomáticos, por lo que hacer proyecciones y alimentar modelos solo con los casos registrados es totalmente ficticio, mas cuando se dan cifras con decimales para dar impresión de exactitud..

Recomiendo a los interesados en el tema, y que crean que la epidemiologia es solo estadística, el libro distribuido por OPS/OMS, “Epidemiologia sin Números”, así como las novelas de Sherlock Holmes, escritas por un médico, que tomó como modelo a uno de sus profesores famoso por su capacidad de razonamiento, y que podían ver en las escenas de crimen detalles que los protocolos de la policía no habían visto, y que en definitiva eran los que resolvían el caso. Eso es lo que distingue al buen clínico, y también al buen epidemiólogo, y no es fácil de enseñar,

Alfredo Zurita

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