Salud | Coronavirus

El coronavirus y la medicina

Una profesión que debe lidiar con bacterias, virus y otras yerbas.

Ya sabemos que el coronavirus solo producirá una enfermedad grave en los ancianos afectados por otras enfermedades, y raramente en las personas jóvenes, de las cuales la mayoría ni siquiera se enterará de que la tuvo y probablemente quedará inmunizado, con lo cual la pandemia se terminará y el coronavirus, aunque seguirá circulando, será uno de los tantos virus que producen enfermedades respiratorias durante todo el año, con picos epidémicos invernales.

Es lo que pasó con la gripe A y todas las pandemias de la historia. Los plazos para disponer de una vacuna o tratamiento efectivo que permita otro pronóstico parecen ilusorios, o como en el caso de la gripe A tendrán una eficacia relativa.

Pero en esta pandemia evitar que los ancianos mueran se ha convertido en una prioridad, y para ello se construyen hospitales, y se compra equipamiento de terapia intensiva, con énfasis en respiradores, y se paraliza la economía, a riesgo de crear más miseria en un país que la tiene en exceso, aunque no parece que los ancianos sean una prioridad en la vida corriente, pues además de pretender que viva la mayoría con pensiones mínimas, se los relega a “hogares” apenas se constituyen en molestia para la vida de sus familiares.

Si alguna ventaja tiene las epidemias es mostrar la hipocresía social, lo que ha dado tema a muchos escritores a lo largo de los tiempos, siendo “La Peste” de Camus un libro con récord de ventas en estos días.

Algunas autoridades han mencionado el escenario optimista previsto para la pandemia en el país dentro de algunas semanas, si todo el mundo cumple las medidas, 250.000 infectados, de los cuales el 5 % será grave, y requerirá terapia intensiva. 12.500 pacientes, de los cuales sabemos, por la experiencia china que el 60 % de todos modos morirá, y el resto sobrevivirá con secuelas, de modo que el beneficio será escaso. De todos modos parece que el país cuenta con recursos suficientes para afrontar la situación si estos 12.500 pacientes se producen de a poco, y no rápidamente.

Supongo para no alarmar a la población no se han mencionado los escenarios más pesimistas, que producirán cantidades de pacientes graves que superaran las posibilidades de tratamiento del país, obligando a elegir, sea entre los que tengan mas posibilidades de recuperación, sea priorizando a los que puedan pagar, pero aun en este escenario catastrófico el 95 % de la población del país sobrevivirá a la pandemia, un escenario mucho mejor que las pandemias del pasado que mataban hasta la mitad de la población.

De todos modos no será la medicina, con o sin terapia intensiva la que modificará las cosas substancialmente, y es bueno recordar que aunque desde hace 70 años tenemos medicamentos eficaces contra la tuberculosis, esta enfermedad mata aún un millón de personas por año por déficits de organización de los sistemas de salud. Mejor suerte han tenido los pacientes con SIDA; quizás porque ataca no solo a los pobres, sino también a los que no lo son.

En medio de la crisis preocupa la deserción de personal de salud y por ello el gobierno ofrece un bono de 30.000 pesos, como anzuelo para incentivar la asistencia, lo que quizás sea suficiente para los medicos novatos y paramédicos, no sé si para los médicos con mayor experiencia y por tanto mayores ingresos, lo que me hace recordar la forma de selección que tiene la carrera de medicina en la Universidad de Neguev, Israel, los estudiantes no son seleccionados por sus competencias en matemáticas o químicas, como se hace habitualmente, sino por su vocación de servicio, mediante entrevistas por comités comunitarios.

El Servicio Nacional de Salud inglés, (NHS) tiene hospitales con especialistas y prácticos generales para atención ambulatoria (General Practicioner, GP), que ahora son médicos pero no en su origen. Cuando había epidemias en Londres todos los médicos se iban de la ciudad y solo quedaban los barberos para atender a la población, que algo sabían de medicina porque hacían las sangrías, un tratamiento muy usado por siglos, pero que debían cesar cuando la epidemia pasaba y los médicos volvían y los perseguían por ejercicio ilegal.

Al final después de varias epidemias, el rey resolvió legalizar esta forma de ejercicio, y aunque con el tiempo estudiaron medicina, no se llaman como en el resto del mundo, médicos generales, o medicos de familia, sino que se siguen llamando orgullosamente “prácticos generales”.

Un cuadro medioeval representa lo que pensaba la gente de los médicos en esas épocas, y está pintado como una tira en tres actos. En el primero, el paciente, muy grave, ve al médico como Dios mismo, en el segundo, ya mejor, como un Ángel, y en el tercero, cuando viene con la factura, como el mismo Satanás. Me parece que ahora estamos en el primer acto porque nadie protesta por plus.

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