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Educación y trabajo, primos hermanos

Por Mónica Persoglia

Los términos ya son conocidos. Las promesas también. Pero de igual forma hay que rever las necesidades, demandas y exigencias.

Hace muchos años, la Universidad Tecnológica era fundada con la intención que la clase obrera pudiera acceder a la facultad.

Hoy, las universidades tienen horarios que impiden que el trabajador, no únicamente el obrero, cualquiera que trabaje, no pueda concurrir. Este es un impedimento que va contra los discursos.

Si hablan de Educación, solamente se refieren al primer ciclo, y no a las especialidades que el país necesita.

Tan así son las dificultades, que se abrieron Institutos Privados que les facilitan en horarios pero no en costo.

Entonces hablar de la Educación pública también sería una contradicción en el discurso.

Ya comenzaron a jurar las nuevas autoridades, tengan vocación o ambición políticas, es oportuno se replanteen este tema pendiente en una Argentina que pierde sus mejores profesionales, porque ellos han podido estudiar sin trabajar con un soporte familiar detrás, y hoy se han ido a buscar otros horizontes.

Hay carencias de puestos de trabajo, pero es una rueda que una cosa tiene que ver con otra.

El engranaje para movilizar empleo y trabajo es complejo, pero sin educación no podrán cubrir esos puestos, sin especialización tampoco, sin universidades, será un país que se quedará en el tiempo.

Pero hay que dar posibilidades para poder acceder a la educación y de eso dependen las políticas para contar con un capital de ciudadanos idóneos. Sólo así habrá prosperidad.

Sea con intención de servicio, o de ambiciones personales, se llevarán el mérito y el lauro de lograr la solución a este escollo.

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