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Diálisis renal, negocios y coimas

Un negocio como otros tantos, sujeto a las mismas reglas.

Por Alfredo Zurita

Un gigante alemán de la diálisis renal, con presencia en casi todo el mundo, incluyendo muchas de nuestras ciudades, aceptará pagar una multa de 231 millones de dólares por pagar coimas en 17 países para ganar licitaciones y otros negocios espurios evitando de este modo ser procesada en Estados Unidos por prácticas corruptas en el extranjero.

Frente a estas cifras, el ana-ana, o partición de honorarios, práctica médica poco ética, así como eventuales sobrefacturaciones, resultan casi inocentadas.

Las coimas han sido pagadas a directivos de obras sociales, directores de hospitales y médicos especialistas en riñones en España, Marruecos, Arabia Saudita, Turquía, México, China, etc.

En España se describe que la diálisis nació como pequeños centros privados creados por especialistas de hospitales públicos, que se autoreferían los pacientes.

Estos lazos entre medicina pública y privada, que existen en todos los sistemas de salud mixtos, donde los prestadores suelen trabajar simultáneamente en el ámbito público y privado, y pasan del uno al otro en funciones asistenciales, gerenciales, ministeriales, etc., hace difícil ver como se podría concretar una cooperación transparente entre los sectores público y privado de la salud, algo que todos están de acuerdo sería muy provechosa, si se pudiera asegurar la transparencia, porque, como dice el Evangelio es difícil servir a dos señores siendo leal a ambos.

Siendo aún estudiante asistí a una conferencia dictada por el médico holandés que inventó el riñón artificial, que en esas épocas trabajaba en Estados Unidos. Nos contó que una de sus grandes preocupaciones era abaratar el precio del equipo para hacerlo accesible, y se enteró que los tachos de acero inoxidable que se fabricaban para lavarropas eran diez veces más baratos que los tachos que usaban los riñones artificiales, y podían reemplazarlos. Corrió a ver a los fabricantes, quienes acogieron la noticia con escepticismo. El negocio era vender un equipo lo más caro posible, no lo más barato. Quedó bastante decepcionado por el aspecto comercial del negocio de la diálisis renal, inevitable porque la salud no tiene precio, pero si costos.

La diálisis renal resuelve el problema de que no hay suficientes riñones para trasplantar a todas las personas que los necesitan, lo que ha dado lugar también al tráfico de los mismos, fenómeno que saltó en el país hace unos años cuando una investigación periodística revelo que había conexiones entre centros especializados de Buenos Aires, con clínicas de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, país donde a diferencia de Argentina, que permite la donación solo entre familiares, se puede donar entre personas que no lo sean.

Estas clínicas compraban riñones a 1.000 dólares en pobres de Santa Cruz, (se puede vivir con un solo riñón), que hacían figurar como donaciones y los trasplantaban argentinos que podían pagar los 30.000 dólares que cobraban por todo el proceso. Hubo cierto escándalo en Bolivia, y se tomaron algunas medidas aunque no sé si el negocio se cortó, o solo se encareció.

Años atrás una entidad interbancaria argentina propició la venta de órganos, de pobres vivos, a retirar a la muerte del poseedor. La ventaja, decía la entidad, es que el comprador se aseguraría de garantizar buena atención médica al vendedor, de forma de garantizar la recepción de su compra en el mejor estado posible. Ningún partido político recogió hasta ahora la iniciativa. Pero como están apareciendo en el país nuevas modalidades de donación, entre no familiares, como el trasplante cruzado, que benefició al periodista Jorge Lanata habrá que seguir con atención este negocio, inicialmente artesanal, pero ahora en manos de multinacionales, por más alemanas que sean.

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