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Coronavirus en la Argentina: se aprobó el protocolo para la vuelta a clases presenciales

Todos los ministros de educación del país aprobaron las pautas que regirán desde agosto, cuando comience la vuelta a las aulas.

Los ministros de educación de todo el país aprobaron por unanimidad el protocolo de regreso a las aulas, que se encuentran cerradas desde mediados de marzo, por la pandemia de coronavirus. En una sesión virtual de Consejo Federal realizada este jueves por la tarde, acordaron las pautas que regirán a partir de agosto, cuando comenzará la vuelta escalonada a las escuelas, aunque no será en el mismo momento en todo el país.

En ese sentido, el retorno a las clases presenciales será según la realidad de cada provincia. El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y Chaco, por su alta circulación del virus, todavía no manejan una fecha tentativa y deberán aguardar más. Del mismo modo, las provincias patagónicas, por las bajas temperaturas, postergarán la vuelta dos o tres semanas. En el resto del país, la intención es que se reabran las escuelas una vez terminadas las vacaciones de invierno.

El protocolo nacional sellado hoy establece el piso de las pautas que deberán cumplirse. A partir de ahora, las provincias, de acuerdo a sus realidades, podrán definir sus propias reglas, pero solo si ellas implican medidas más rigurosas; nunca más laxas.

Las principales pautas que prevé el protocolo

El protocolo consta de dos etapas: la preparación para la reapertura de las escuelas y la aplicación de las pautas una vez que se produzca el retorno.

La primera fase contempla la capacitación a todo el personal docente y no docente para la “nueva normalidad”.

Las escuelas deberán contar con los insumos básicos de higiene, asegurar agua potable, jabón, alcohol en gel y cestos de basura. “Aquellos establecimientos que no cumplan con estas pautas mínimas deberán postergar el regreso. Los protocolos son cumplibles. No son disparatados para la realidad argentina. Cada jurisdicción podrá hacer los ajustes pertinentes, pero estas son las pautas mínimas”, remarcó Trotta.

El distanciamiento social en los establecimientos será de 2 metros en los espacios comunes y de al menos 1,5 metros en las aulas. De acuerdo a las autoridades, no hay margen para ampliar la infraestructura escolar, por lo cual, habrá una división de los grados que concurrirán en forma alternada.

La prioridad para el regreso la tendrán los últimos cursos de los niveles, tanto de primaria como de secundaria.

Otro punto clave será el transporte público. Más del 25% del movimiento, sobre todo en las regiones metropolitana, se corresponda la actividad escolar. El documento promueve el escalonamiento en los horarios de ingreso y salida de los establecimientos para no saturar el transporte ni generar aglutinamientos en los accesos.

En la fase 2, una vez que se inicie el regreso a las escuelas, será obligatorio el uso de tapabocas en primaria y secundaria tanto para alumnos como docentes en todo momento: tanto en las aulas como en los espacios comunes. Los docentes, incluso, podrán agregar una máscara para mayor protección.

Estarán prohibidos los eventos o celebraciones masivos y se insistirá en la necesidad de limpieza y desinfección constante.

Si se detectara un caso sospechoso o positivo, se procedería a hisopar al estudiante o docente, a su aislamiento y al rastreo de sus contactos estrechos. Al día siguiente estarían suspendidas las clases en la escuela y se dedicaría a tareas de desinfección.

La asistencia alternada, algunos días sí y otros días no, volverá a traer la dificultad del cuidado de los chicos.

Por ejemplo, un esquema posible sería: grupo A asiste lunes, miércoles y viernes, mientras grupo B asiste martes y jueves. Después de cada semana cambiarían el orden para repartir equitativamente los días.

Por eso, las licencias vigentes se mantendrán en una primera etapa para que uno de los padres acompañe a sus hijos en el hogar. En esa línea, también se buscará que los hermanos concurran a clases los mismos días.

Los recreos también sufrirán cambios: Antes de la pandemia, era un ritual que a mitad de la jornada sonara el timbre del recreo y todas las divisiones salieran al patio al mismo tiempo. Ahora, el ritual quedará de lado. Buscarán que haya un turno específico para cada grado para evitar la interacción entre los cursos. Del mismo modo, los juegos tradicionales, como el fútbol o la mancha, estarán prohibidos. El objetivo, otra vez, es reducir el contacto físico al mínimo posible.

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