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Coronavirus. El tratamiento del presidente Trump

Tratar a un poderoso no es lo mismo que tratar a un don nadie.

Por Alfredo Zurita

El presidente Alfonsín se fue a Estados Unidos para el tratamiento de su cáncer de pulmón, no porque pensara que allí le podrían hacer un mejor tratamiento, sino porque lo tratarían como un don nadie, sin los sesgos que afectan la atención de aquellos pacientes que son más poderosos que el médico, y por tanto desequilibran la relación de poder habitual, donde el paciente generalmente acata las decisiones medicas sin discutir.

El caso más tratado por la literatura médica en relación a este problema, que terminó perjudicándola, fue Eva Perón, que resulto en su retardo de tratamiento y muerte precoz, causado por su reticencia a la consulta ginecológica y la desconfianza política a los médicos porteños, por lo cual cuando ya no había más remedio se recurrió a un especialista cordobés reputado, en tanto que para la cirugía se trajo secretamente un cirujano de Estados Unidos, que aunque muy famoso no era ducho en este tipo de cirugías, aunque el avance de la enfermedad ya hacia inútil todo tratamiento.

Es raro que una mujer tan joven muera de cáncer de cuello de útero, y más raro aún que la anterior esposa del Gral. Perón muriera también joven de la misma enfermedad, que ahora sabemos es generalmente contagiosa por vía sexual.

Otro problema que generalmente afecta la atención médica a los poderosos es que suelen dar órdenes a los médicos sobre lo que deben hacer o no hacer, y esto parece haber sido el caso del presidente Trump que tomaba hdroxicloroquina por decisión personal como preventivo, cuando ya se había demostrado que esta droga no era efectiva, y quizás también del presidente Kirchner, quien se dio de alta precozmente después de una cirugía cardiaca para no perderse un acto político.

La regla medica de es preferible hacer de más que no de menos, puede ser exagerada en el caso de los poderosos, y llevo a la extirpación de la tiroides de la presidente Fernández de Kirchner por un supuesto cáncer, y quizás también a extraer un pequeño hematoma en su cráneo, que en el caso de los don nadie se deja librado a su reabsorción natural.

Me ha sorprendido que se esté aplicando al presidente Trump un tratamiento experimental, de eficacia aun no comprobada, lo que probablemente se deba a la inminencia electoral cuyo resultado es incierto y podría ser desfavorable si no se recupera rápidamente, más aún cuando prácticamente todos los tratamientos experimentales ensayados hasta la fecha no han dado resultados positivos, incluyendo el más reciente ensayo clínico de plasma de convaleciente hecho en varios hospitales argentinos públicos y privados, bajo la coordinación del italiano de Buenos Aires, que demostró su ineficacia, pese a que muchos medicos que lo han utilizado sin respetar protocolos afirman su utilidad “ a ojo clínico”.

En un escenario electoral difícil el presidente Trump podría estar utilizando su enfermedad, real o fingida, con propósitos electorales, pues estos eventos siempre “grapan” en política, más aún cuando el candidato sabe cómo explotarlos. Si no es así, y los medicos se han limitado, como han declarado, a darle toda la medicación existente, tendrá suerte si no muere por efecto de estos mismos tratamientos.

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