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Coronavirus ¿Cuándo terminará la pandemia?

Una pregunta que nadie puede responder.

Por Alfredo Zurita

Aunque hay muchas dudas, lo más probable es que nunca termine, aunque dispongamos de vacunas, pero de todos modos se atenuará progresivamente, para integrarse a los otros coronavirus que producen el resfrío común a medida que la población se vaya inmunizando, y sea otra pandemia habitual.

Pudimos terminar la viruela porque el único huésped que tenía el virus era el hombre, y quizás podríamos hacerlo por la misma razón con el sarampión y la polio, pero sería ilusorio con virus que viven también en animales.

Desde hace siglos convivimos con la pandemia endémica de tuberculosis que matará este año diez veces más personas que las que ha matado hasta ahora el coronavirus, a pesar que desde hace 70 años disponemos de tratamientos eficaces para curar casi todos los casos, pero como afecta sobre todo a países muy pobres no preocupa demasiado a quienes no lo somos. Como daño colateral este año morirán de tuberculosis más personas que las previstas por corte del suministro de medicamentos causado por la actual pandemia y el temor de los pacientes de ir a retirarlos.

Sin haber superado el 20 % de población contagiada, caso Suecia, la pandemia se atenuó en casi todos los países que fueron atacados al inicio, aun sin cuarentenas severas, sin llegar al 60-70 % que se supone es el nivel mínimo de inmunidad de rebaño, necesario para cortar la transmisión-.

Aun el sarampión para el cual el país tenía 95 % de población inmunizada, no impidió pequeños brotes en Argentina el año pasado, y grandes en otros países donde ya se piensa que esta enfermedad ha desaparecido.

Una de las hipótesis que se ha planteado para explicar esto es que un porcentaje alto de la población tiene una cierta inmunidad para el coronavirus, producida por sus parientes que producen el resfriado común, y también porqué los niños son poco susceptibles, pues tienen resfríos en continuado.

Por esta misma razón la pandemia de gripe A afectó solo al 20 % de la población mundial, y resultó poco grave para los ancianos, que tenían inmunidad adquirida de muchas gripes anteriores, aunque en el caso del coronavirus la letalidad parece superior a la de la gripe, enfermedad que mata muchos cientos de miles de personas en todo el mundo, porque aunque la letalidad es baja, su amplia difusión asegura muchas víctimas. A diferencia de los virus gripales este no parece estar afectado por el frío.

Retardar o no la difusión del virus mediante cuarentenas, distanciamiento, barbijos y otras medidas ha sido una decisión que muchos gobiernos tomaron atendiendo a razones epidemiológicas, sociales, culturales y políticas, siendo quizás Suecia y Argentina los extremos, entre los cuales se ordenan los demás países.

Mucho ha contado en las decisiones la disponibilidad de camas de terapia intensiva, aunque solo la mitad de los pacientes graves sobrevive a este recurso, del cual todos los países, disponen por su costo, de cantidad limitada, y no siempre con todos los requisitos mínimos para asegurar calidad de atención. De todos modos, se está ampliando esta capacidad a marchas forzadas, para evitar lo que parece seria escandaloso políticamente hablando, que alguien muera en su casa o en una cama común, aunque se sepa de la inutilidad de este recurso en casos concretos y el sufrimiento adicional que puede agregar al paciente y su familia.

A este respecto sería bueno que los médicos católicos relean las instrucciones de su Iglesia al respecto, contenidas en el documento sobre eutanasia y uso proporcionado de medios terapéuticos, disponible en http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19800505_euthanasia_sp.html, del mismo modo que los códigos de ética profesional, y no coloquen pacientes en terapia intensiva solo por temor a consecuencias judiciales, y del mismo modo que los políticos proporcionen lineamientos al respecto para convalidar tales decisiones.

Comparar cifras de países o provincias como se está haciendo todo el tiempo para jugar políticamente es poco razonable, menos aun cuando se citan como números absolutos, sin tomar en cuenta el tamaño de las poblaciones afectadas, porque ellas dependen de datos poco confiables en sí mismos al ser la mayoría de los casos asintomáticos, y donde no puede excluirse la posibilidad de macaneo, tal como sabemos se hizo ahora con la pandemia de llamada gripe española de 1918, que recibió tal nombre porque durante la guerra mundial que acababa de finalizar España era país no beligerante, y por tanto no ocultaba sus cifras, cosas que todos los demás hacían como parte de la contienda. Es lamentable que esto suceda en la medida que algunos estudios recientes han mostrado que la conducta de la población depende en cierta medida de la confianza que tengan en sus dirigentes.

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