Sociedad | Coronavirus

Carta Abierta al Gobernador

Por Andrés Aguirre

Ayer fue un día difícil, crónica de una muerte anunciada. Tuvo que pasar el temblor para masticar la bronca y sobrepasar ese sentimiento, alimentado por el dolor y la impotencia, de querer romper todo. Es que no hay que romper, hay que construir, pero, a veces, es necesario demoler para sentar las bases de lo que queremos ver.

El Dr. Duré se fue sabiendo lo que significó, lo que significa, pero dudo que hubiera sabido lo que va a significar. Los relatos de los acontecimientos que derivaron en su contagio y posterior fallecimiento describen la crudeza de un sistema destrozado y sistemáticamente maltratado por un Estado que, a pesar de jactarse constantemente de su fuerte presencia, ha impunemente humillado al sistema de salud de la provincia del Chaco.

Durante toda esta pandemia, tanto la ciudadanía como los gobernantes, nos hemos refugiado en la comodidad de “no buscar culpables”, de alegar una unidad necesaria, pero, lamentablemente, no suficiente para atravesar este momento oscuro de nuestra historia.

La pandemia global ha desnudado las condiciones más precarias de nuestra provincia, y, en menor o mayor medida, sí hay culpables, y ya hemos hecho la vista gorda demasiado tiempo. El culpable es un Estado ausente, que ha invisibilizado los reclamos de nuestro personal de la salud durante mucho tiempo, demasiado tiempo. Culpable es una sociedad callada, que ha avalado con su silencio la desidia, negligencia y descuido por parte del gobierno a un sector clave como lo es la salud pública. Pero somos hijos del rigor, y parece haber sido necesaria una coyuntura en la que todos necesitáramos contención médica, para darnos cuenta de las pésimas condiciones en las que nuestro sistema de salud opera, día a día, mes a mes, hace unos cuantos años.

El Chaco llora al Dr. Duré, pero el Dr. Duré lloraba un sistema destrozado, no escuchamos su llanto y somos responsables, pero no del todo culpables. Nuestro silencio fue condición necesaria, para el accionar nefasto de un gobierno que durante años ha destrozado a mansalva el sistema de salud de nuestra provincia. Son responsables, y culpables de la muerte del Dr. Duré, y de la lenta y dolorosa muerte de un sistema devastado por la incuria.

Señor Gobernador, hace unos días dije que iba a necesitar dar respuestas de por qué el Chaco ha sido avasallada tan asimétricamente, respecto a nuestras provincias hermanas, por esta pandemia.Respondió claramente: “ya no sabemos que más hacer”. En mi humilde opinión, el problema no está en lo que puedan hacer, sino lo que pudieron hacer, y no hicieron. Los hospitales y sanatorios fueron de los mayores focos de contagio en nuestra provincia, y el personal de salud, el principal vector. El coronavirus no es todo, y vaya que no lo es. Las mejores respuestas partieron de la coordinación entre la salud pública y privada, la distinción de labores para poder seguir atendiendo otras necesidades, aislando los sectores de tratamiento de COVID-19.

Pero ¿cómo distinguir, si el personal de salud público a la mañana es el mismo privado durante la tarde? Si el mismo médico o enfermero se ve obligado a hacer doble turno, uno en el hospital y otro en el sanatorio para poder, con suerte, llegar a fin de mes.Y, si la insuficiencia salarial fuera poco, nunca, jamás brindaron los insumos necesarios para la prevención y cuidado. Cuando el personal se quejó, se los escuchó y se les dio respuesta: multa por incumplimiento de la cuarentena, y un estigma de “irresponsables” cargado de condena. Ya ni siquiera estaban pidiendo por su salario, estaban rogando por su vida, y una vez más fueron abandonados. El personal de la salud no son héroes, son humanos, con aplausos y reconocimientos vacíos no alcanza.Pero siguen, siguen porque no conocen otra opción, como el Dr. Duré siguió incluso sabiendo que, al intubar a esos pacientes, estaba firmando un cheque en blanco con su propio cuerpo, un cheque que pagaría con su vida. Pero siguen, porque saben que su omisión tendría consecuencias irreparables.

El Estado no vio (o no quiso ver) esto, y sigue sin querer verlo. Su negligencia tuvo, tiene y tendrá consecuencias irremediables. Porque estar en fase 1 después de tres meses, no evidencia un Estado presente, ni un Estado que te cuida. Es más bien un sinónimo de un Estado padre ausente que, durante año, por acción u omisión, no construyó mecanismos para contener a su población y ante la emergencia improvisa medidas extremas para paliar un descuido sistemático e insalvable.

La cuarentena en fase 1 luego de 95 días, evidencia la falta de infraestructura para lidiar con esta pandemia. El Estado no te cuida, te encierra porque no puede cuidarte. Y nos han convencido de que no hay otra opción, porque efectivamente no la hay, pero ésta acotada oferta de respuestas está condicionada por años de negligencia, Y, aunque lamentable, hizo falta una pandemia mundial para que el pueblo chaqueño comience a abrir los ojos. Pero no quiero pecar de optimista, la condena pública la hemos visto varias veces sin consecuencias explícitas. Ya escuchamos esta historia.

Señor Gobernador, yo no pido su renuncia. Inestabilidad institucional es lo último que necesitamos, y un vacío de poder en este contexto podría tener consecuencias fatales. A esta altura, solo le pido un poco de empatía con su pueblo. Empatía con el o la médico/a o enfermero/a que no tiene un barbijo para realizar su labor de forma segura, y al que usted mandó a multar cuando rogaba por elementos básicos para un trabajo digno. Empatía con el o la comerciante que se está fundiendo, y con el o la trabajador/a informal que, si no sale a ganarse la vida, no puede llevar un plato de comida a su mesa. No le pido siquiera que lo avale, pero mínimamente que no lo condene. Y que tenga la decencia de no culparlos por nuestra situación, la cual excede cualquier comportamiento individual o colectivo de la ciudadanía, y es más bien responsabilidad de una negligencia estructural por parte del Estado que data de unos cuantos años. Porque tanto el crecimiento como la devastación son procesos sostenidos en el tiempo, y, lamentablemente, el Chaco sólo ha experimentado el segundo.

Por último, quiero dirigirme a mis conciudadanos, tengamos memoria, no olvidemos. Eventualmente esto pasará, con más o menos sufrimiento en el camino, pasará. Y ruego que no esperemos a otra situación límite para despertar. Para hablar y hacernos escuchar. No sigamos aguantando, no sigamos callando. Porque el Estado es responsable, pero el silencio es cómplice. Que no se quede mi pueblo dormido nunca más, por favor. Hoy ponemos el grito en el cielo por el Dr. Duré, pero no nos olvidemos lo que simboliza, porque la muerte del doctor es mucho más trascendental que la propia existencia. No nos confórmenos con que lleve su nombre algún sitio a modo de homenaje, y que la cuenta esté saldada. Miguel Ángel Duré no fue el primero, pero está en nosotros que sea el último. Que en paz descanse el Dr. Duré, pero que el pueblo chaqueño no vuelva a estar en paz, hasta reclamar y conseguir lo que merece.

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