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Alunizaje, política y el negocio del cáncer

Hace 50 años pisamos la Luna, pero aún hoy la pobreza mata millones.

Por Alfredo Zurita

Como sabemos el alunizaje fue parte de la guerra fría, y no tenía ninguna utilidad práctica, solo se trataba de demostrar a la URSS el poderío científico y tecnológico de los Estados Unidos.

Pero creó un clima propicio para la investigación en cáncer en la opinión pública yanqui. SI nuestros científicos pudieron construir la bomba atómica, y enviar hombres a la luna, pueden hacer cualquier cosa, incluyendo derrotar el cáncer. Solo hay que darles recursos suficientes.

El estallido de un barco yanqui cargado de gas mostaza durante la Segunda Guerra Mundial había dado la pista para tratar la leucemia, el cáncer más común en los niños, pero luego los avances se estancaron.

Pocos meses después del alunizaje una solicitada a toda página en los diarios yanquis recordaba al presidente Nixon que el año anterior 318.000 yanquis habían muerto de cáncer, y que con fondos suficientes, los científicos derrotarían al cáncer, y aunque los científicos advirtieron al presidente que derrotar el cáncer era algo mucho más complicado que construir bombas atómicas o enviar hombres a la luna, la ley creando el Instituto Nacional del Cáncer, con un generoso presupuesto fue rápidamente aprobada, en el contexto de una campaña electoral, y también rápidamente los fondos fueron apropiados por las empresas farmacéuticas para investigar tratamientos para el cáncer, al tuntún, por cuanto crear un tratamiento para una enfermedad cuyas causas se desconocen no es sino pretender acertar en un blanco sin apuntar.

Desde entonces la investigación en tratamiento del cáncer ha consumido cientos de miles de millones de dólares de fondos públicos para producir medicamentos que prolongan la vida de los cancerosos días o semanas, y que se venden a precios cada vez más altos, jaqueando las cajas de las obras sociales.

Y la prevención, como ocurre casi siempre, quedó de lado, aunque en cáncer de pulmón, el más común de todos, aunque tampoco conocemos la causa, si sabemos que el hábito de fumar la favorece, de modo que si se lograra que la gente deje de fumar, el cáncer de pulmón pasaría a ser un cáncer raro, como lo era antes de que la Segunda Guerra Mundial lo extendiera entre los hombres/soldados, y las revindicaciones feministas entre las mujeres, a tal extremo que ahora es más común entre las mujeres que entre los hombres.

El cultivo y elaboración del tabaco es también un negocio tan importante, para agricultores, fabricantes y gobiernos que lo cargan de impuestos, que parece difícil enfrentarlo, y la reducción progresiva del cultivo, una medida que ha sido acatada por casi todos los países del mundo, no lo es en Argentina, que paradójicamente subsidia el cultivo.

La alternativa a la prohibición parece ser reemplazar el tabaco fumado por el cigarrillo electrónico, también adictivo pero menos cancerígeno, lo que aún se discute, aunque las grandes empresas tabacaleras están lanzadas en el desarrollo del negocio, y Uruguay, el país mas enérgico en represión del cigarrillo ha liberado el consumo de marihuana con fin recreativo, y lo mismo acaba de hacer Canadá, en tanto que el uso médico, legal o ilegal de la marihuana se generaliza, sin muchos avances en investigación.

Del mismo modo basta comparar las recomendaciones de nuestro Instituto Nacional del Cáncer, con la publicidad mas o menos científica del tema, y las decisiones gubernamentales, para darse cuenta que en materia de cáncer, los negocios y la política son lo que mas interesa

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