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A 19 años de la muerte de Favaloro

Un día como hoy, el Dr. René Favaloro se disparaba al corazón, no como un acto de tristeza o depresión, sino como una más de sus tantas denuncias a la sociedad del poder, el tener y el placer.

Antes de la fatal decisión, escribió una carta, que bajo el nombre del día de la vergüenza nacional aun recorre las casillas de e mail recordándonos el porqué de su decisión.

Muchas veces me pregunte ¿Por qué es que la gente lo contempla con admiración sin intentar imitar sus acciones y valores? ¿Por qué imitar a Favaloro es tan imposible y tan lejano? ¿Será porque lo hemos endiosado y olvidamos su parte humana? ¿O será porque la corrupción ya nos alcanzó? Y estamos tan atrapados en ella que nos es imposible darnos cuenta de nuestras posibilidades.

Al principio te dije que, en su carta de despedida, en su última denuncia a la sociedad, estaban las causas de su decisión. Entonces bien nos vendría recordar algunos pasajes de esa carta.

Ahora que todavía no podemos ver a un Moyano preso tras ser acusado en sede judicial de financiar la campaña de la señora Fernández de Kirchner con plata de la efedrina, situación que involucraba a la obra social de camioneros. Nos vendría recordar ese pasaje que decía:

“¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno!

Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica”.

Como nombramos a Moyano podríamos nombrar a cualquier sindicalista local con manejo de obras sociales.

Ahora, que el candidato Fernández habla negligentemente de los remedios del PAMI y que, el entonces director de PAMI, Rodríguez Larreta, ahora candidato a la reelección de la jefatura de gobierno porteño están nuevamente en danza.

Vendría bien recordar ese pasaje que dice: “El PAMI tiene una vieja deuda con nosotros … la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían”.

Ahora que las PYMES y empresas privadas cierran en masa, por la canibalizante presión impositiva. Solo para sostener todas las banalidades que se le ocurran al político de turno y para pagar los intereses de una deuda externa cada vez más grande e impagable.

Nos vendría bien recordar ese pasaje que dice: “Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses... Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.”

Ahora que es común que nuestros gobernantes presenten la injusticia en triunfo explicándonos que hay que robar con códigos, que el delincuente es una víctima de la sociedad, que algunos ciudadanos justifican el roban, pero hacen y dirigentes políticos y sindicales han convertido el Congreso de la Nación en un aguantadero.

Nos vendría bien recordar ese pasaje que dice: “Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.”

“Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario, se castiga.”

Tal vez nos sea de mucha utilidad recordar un poco a don Rene, tal vez nos sea de utilidad recordar su despedida y revisar la sociedad de nuestro tiempo, tal vez necesitemos ver que con nuestra acción u omisión seguimos acompañando a la clase política y sindical que puso el arma en las manos, no solo de don Rene, sino de muchos argentinos todos los días.

Tal vez nos convenga recordar ese pasaje que dice: “recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.”

Nos vendría bien recordar porque nos convertimos en una sociedad cómplice de homicidio y que a la vez todavía podemos dar pelea, salvar vidas y traer justicia a la Nación.

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