Resistencia Chaco
LUNES 17 DE JULIO DE 2017
Sobre menores y la pobreza
Reflexion [17/07/17]
Emerenciano Sena y Marcela Acuña
En referencia a una nota de diario Norte.

En página 55 del diario Norte, (internacionales), del domingo 16 de julio, del corriente año, aparece una nota sobre la denuncia de cientos de muertes en Chile, de trabajadores que repudian las condiciones de reclusión de “niños”.

La denuncia engloba a funcionarios y partidos políticos cómplices, que plantean el “desvío de recursos en detrimento de las condiciones de reclusión de los menores”. La denuncia va dirigida directamente al gobierno de la presidenta Michelle Bachelet (Chile).

Ante esta situación de carácter internacional, repudiable desde todo tipo, donde queda demostrado que los pobres son siempre la resonancia de los ajustes económicos y que pagan con prisión y muerte, en este caso personas menores, nos preguntamos ¿Vamos hacia el mismo lugar? Mejor dicho ¿Estamos en el mismo lugar con respecto al tratamiento de nuestros menores?

En nuestro país hay varios proyectos de ley que bregan por bajar la punibilidad de 16 años a 14 años del código penal. Ante esta situación nosotros entendemos que se está direccionando hacia una situación donde la cárcel de menores sea la solución en materia de “seguridad” y que la misma, en caso de concretarse, tendrá el mismo fin que los centros chilenos, antes mencionados, donde lo que menos importan son las personas.

El Poder Ejecutivo avanza en la definición de un anteproyecto para la reforma del sistema penal juvenil, que incluye la baja de la edad para la punibilidad de los menores a 14 años para homicidios, y a 15 años para los casos de robo calificado con arma de fuego, violación, y secuestro extorsivo. Nos preguntamos ¿Es la solución a los problemas de inseguridad planteados desde los medios de comunicación, o es una política de Estado donde la mano dura es parte de una aplicación de políticas a los sectores pobres, bajo cualquier figura legal que nos criminalice empezando por nuestros hijos/as?

Nosotros entendemos que la criminalización de los menores es parte de un sistema de exclusión que no tiene propuestas superadoras, y que desde diferentes sectores ya se manifestaron en contra de la misma. Por ejemplo, la representante en la argentina de Unicef, Florence Bauer, advirtió que bajar la edad de imputabilidad no dará resultado: "No van a salir mejor, resocializados, sino peor. Meter muchos menores en las cárceles no garantizará mayor seguridad", dijo.

Ante esta opinión como de muchos que están dentro de la misma línea de no bajar la edad de los menores, ante la comisión de delitos, creemos que si bien hace falta una legislación que sea definitoria en materia de menores, no creemos que privarlos de su libertad más en las condiciones que ya sabemos están los centros de reclusión en general, sería aportar a mayor exclusión y persecución dentro de los sectores pobres.

Un menor es un chico, una persona en crecimiento, que ante un hecho delictivo es atravesado por el aparato jurídico, ya sea por el hecho del delito o porque defiende alguno de sus derechos. La cárcel para los menores, que sean tratados como “mayores”, no es la solución, de seguro los hijos/as de los pobres serán los destinatarios de los lugares de reclusión, ya que los que tienen un nivel adquisitivo diferente tendrán otro trato, como ocurre actualmente los menores que son detenidos. Son tenidos presos hasta que se le ocurre al comisario, pasar la información de su detención, en ese tiempo pasa de todo en el lugar de detención, por supuesto menores de familias pobres, los otros tienen un destino diferente, sus padres los buscan y los llevan.

Un chico es responsable por los delitos civiles que pueda cometer a los 10 años, pero no pude ser culpado de un caso penal hasta los 16. No se puede vender una propiedad hasta los 21, pero sí se puede dar la vida por la patria a los 18 años. Son contradicciones de nuestras legislaciones que debemos discutirlas y nivelarlas pero dentro de un debate, sin estigmatizaciones y real, con un profundo valor hacia la persona, los derechos humanos, deben respetarse, y no dejarse de lado ante estos debates, dentro de un marco de democracia, donde todos podamos tener voz y representación. Pero en un Estado como el que hoy vivimos, donde los medios de comunicación determinan las agendas políticas y hasta las leyes, y pasan cosas como detenciones ilegales, en democracia, como el caso de Milagro Sala y 9 personas más. Nos preguntamos ¿Será válido el debate o estará condicionado por el poder político de turno que tiene hasta presos políticos y desconoce los pedidos internaciones exigiendo la libertad de los mismos? ¿Qué garantías tenemos de un real debate o el mismo estará condicionado?

Lo que ocurrió en Chile, y no tan lejos aquí en nuestra provincia, donde murieron hacinados, adultos mayores en un neurosiquiátrico, como la muerte de 4 obreros de la empresa Sameep, es una demostración de la desigualdad entre los que tienen poder adquisitivo y los que no tienen. Por lo general, mueren en un sistema de exclusión, neoliberal, como el que vivimos, los más débiles, los jóvenes, los mayores adultos, que se hayan en la línea de la pobreza, siendo legitimada dichas muertes evitables, con silencio de radio, considerando que hay responsables directos, pero que no se ven, el sistema los hace invisibles y se cubren con un manto de impunidad y olvido. Si caracterizamos esta situación, nadie nos da garantías de que abrir un debate donde se busque una salida ante la situación de los menores, y mucho menos que las conclusiones válidas.

Diferentes investigaciones criminológicas han confirmado que los niños que se ven envueltos en el sistema de justicia juvenil a una edad temprana, están más expuestos a iniciarse y continuar en la carrera criminal que los de mayor edad. Como consecuencia de ello, judicializar al menor antes de lo previsto, implicaría estigmatizarlo, y resultaría aún más difícil lograr su reinserción.

Lo dicen los juristas, y lo que nos queda es organizarnos desde valores humanos, y no claudicar en la lucha por una sociedad justa, que analice y no estigmatice la pobreza. De cada madre que se levante y luche por la justicia social, junto a otras, no de manera individual, sino colectivamente, junto a sus pequeños hijos e hijas, será la victoria, una construcción lenta, pero sólida, para que empecemos a proponernos realmente desde el campo popular, la construcción de otro país, donde el nacer en una familia pobre, no sea tomado como un factor determinante para criminalizar a nuestros menores, ancianos, jóvenes y trabajadores. Está en nosotros, la victoria sobre la impunidad, no lo olvidemos.

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