Resistencia Chaco
LUNES 12 DE JUNIO DE 2017
Locura y encierro. Incendio y muertes
Reflexion [12/06/17]
Alfredo Zurita
Loco, según diccionario de la RAE. Que tiene las facultades mentales perturbadas.
Salud

El incendio con cuatro muertos ocurridos en una clínica psiquiátrica de la ciudad hace necesario recordar que encerrar a los considerados “locos”, o” enfermos mentales”, tiene una endeble base biomédica, y más bien sociopolítica, fuertemente cuestionada desde fines de los 60 por el movimiento antipsiquiatra, que perdura hasta nuestros días, y se refleja en la resistencia de estos especialistas a la actual ley de salud mental, anti encierro, y probablemente resistida también por algunos de los familiares, hartos de soportarlos.

“La psiquiatría y el negocio de la locura”, dice una profesora canadiense de psiquiatría, enrolada en el movimiento antipsiquiatria actual, y autora de un libro con este título.

El medico común no se preocupa demasiado por los conceptos de salud y enfermedad, en el caso del primero, como cada cual entiende la salud a su manera, dejará a cada uno decidir cuándo venir a consulta si percibe que tiene un problema con ella, y una vez allí el medico tratará de ver cómo encajar lo que tiene dentro de las enfermedades que aprendió en la universidad, y que llevan a tratamientos. Algunos casos entraran fácilmente, para otros serán necesarios análisis y otras pruebas, en otros casos el tratamiento se decidirá por aproximación, “se parece más o menos a tal enfermedad, y por tanto la trataré como esa enfermedad”, o se tratarán solo los síntomas. Una última alternativa será considerar que lo que tiene el paciente no pertenece al campo de la medicina del cuerpo, sino de la mente, y enviar al paciente al psiquiatra o psicólogo, porque en la larga carrera de medicina no se dedican más que unas pocas horas a ese tipo de enfermedades.

Además de lo anterior el medico común suele usar el concepto estadístico de normal, lo más habitual, lo promedio, como equivalente a sano, lo que salga de lo más común o el promedio será considerado anormal, o enfermo. Si la presión arterial promedio de las personas es tanto, tener más o menos será anormal, y por tanto enfermo. Si la mayoría de las personas son heterosexuales ser homosexual será anormal o enfermo.

No se considerará loco al abstemio, o al vegetariano, aunque sí "raro”, y será motivo de burlas en reuniones sociales. A nadie le gustan los diferentes.

La forma más común de locura es la esquizofrenia, condición que se caracteriza por ver la realidad de forma diferente a la de la mayoría, aunque desde Platón sabemos que la realidad no es más que una convención, limitada además por la cultura y los sentidos, porque sabemos que un perro o una mosca, ven la realidad de otra forma que nosotros, y el daltonismo es una pequeña muestra de lo anterior dentro de nuestra especie, así como la diferente manera en que recuerdan detalles hombres y mujeres. Decir que la realidad cuando choca con el relato siempre vence, es una frase pintoresca, pero toda descripción de la realidad tiene algo de relato, y es función del periodista inclinar la balanza en uno u otro sentido, según la línea editorial de quien le paga. Si uno debe vivir del periodismo no hay muchas opciones.

Como ver la realidad de forma diferente a los demás no lleva al esquizofrénico a la consulta, es en esos casos que el médico debe decidir por normalidad, cuando es traído a la consulta por familiares, o la policía, generalmente por molesto, o incluso peligroso.

Decidir sobre la normalidad de las conductas humanas es mucho más complicado que decidir sobre la presión arterial normal, y donde un psiquiatra verá tal enfermedad, otro verá otra, y aún otro más solo rarezas, que no justifican encuadrarlo como loco. Eso es según la escuela a la que uno adscriba, dicen los psiquiatras.

Algunas culturas a lo largo de la historia han considerado que estos anormales o de conductas raras son elegidos de los dioses, y son reverenciados, o del demonio, en cuyo caso son perseguidos y eliminados, el caso de los albinos en algunos pueblos de África, pero generalmente se los considera solo molestos o peligrosos, y se los encierra contra su voluntad, en establecimientos especiales llamados manicomios para que no molesten a los “normales”, y recuerdo que la habilitación a inicios de los 80 de una clínica psiquiátrica a corta distancia de la plaza central de esta ciudad desato gran controversia entre los vecinos, y uno de ellos escribió una carta de lectores, argumentando que no era como se decía una clínica psiquiátrica, sino “un manicomio vulgar y silvestre”. En síntesis nadie quería a los locos cerca, y por eso la clínica psiquiátrica incendiada no está en la zona céntrica de la ciudad como las demás, del mismo modo que hospitales para tuberculosos y leprosos se construían generalmente lejos de las ciudades

En el pasado la sujeción física de los locos se hacía con camisas de fuerza y otras ataduras, pero ahora es más común la sujeción química, ya que disponemos de drogas que cumplen una función similar.

Dentro del movimiento antipsiquiatrico de los 60 descolla el Dr. Franco Basaglia, director de hospitales psiquiátricos en Italia, que crea experiencias novedosas, y consigue finalmente que Italia cierre los hospitales psiquiátricos, salvo algunas camas para psicópatas, personas de apariencia normal e inteligencia superior al promedio, pero que suelen ser asesinos seriales, como el Dr. Lecter, que protagoniza Anthony Hopkins en varias películas.

He visto hospitales psiquiátricos en Inglaterra, ya casi vacíos por la aplicación de ideas similares, y diría que aplicarlas depende de la capacidad de la población de bancar al diferente, en mi experiencia, más común en el pueblo, que en las clases sociales más altas, donde el destino del loco de la familia era y es, casi inevitablemente el manicomio. También en las zonas rurales se lo tolera mejor que en las ciudades, y puedo recordar perfectamente al loco del pueblo donde pasé mi infancia, al que nadie pensó nunca en encerrar. Solo al morir se supo que era hijo de la respetada partera del pueblo, que seguramente ocultó esto para cuidar su fuente de trabajo.

En una visita a un centro de investigación en medicina tradicional en Senegal, el director me presenta a uno de los curadores que trabaja en la institución, lo conoce bien porque era el loco de su pueblo cuando era niño, y le tiraban piedras para alejarlo. Ahora él ha visto como calma a enfermos agitados traídos por la policía con camisa de fuerza, con solo tocarlos, y ha visto varias veces como la justicia lo utiliza para hablar con personas en coma por haber sido agredidas. El loco puede obtener respuestas de ellos en presencia de los magistrados.

El director es un médico senegalés al que sus profesores en la universidad, franceses, han interesado en el tema, que ellos no pueden investigar por pertenecer a otra cultura, condición que les reduce la capacidad para entender esos fenómenos, y por esa razón en las universidades de los países desarrollados, que tienen muchas minorías propias, o de inmigración, se reservan cupos para los postulantes de esas culturas, entendiendo que cada uno tiene derecho a ser atendido dentro de su propia cultura.

Cuál fue el principal problema del médico senegalés para montar ese centro? Separar a los curadores tradicionales de los charlatanes, tan numerosos en ella como en la medicina occidental, y eso le llevó al menos 20 años, antes de poder empezar. Se hizo de la única forma posible, por colegios profesionales con comités de ética que no lo eran solo de nombre.

En Bolivia los curanderos han sido legalizados desde 1985, pero la contaminación con charlatanes no ha sido resuelta, y aquí se tolera la charlatanería de medicinas alternativas, en tanto quien las haga tenga título de médico, y no haya denuncias. Causa revuelo en Italia en estos días la muerte de un chico por neumonía, tratado con homeopatía, la medicina que usaba el general San Martin, que llevaba un botiquín consigo. Era la última moda en esos tiempos.

Son más peligrosos los locos que los cuerdos? En Bélgica hay un pueblo, Geel, que tiene una concentración elevada de locos desde la Edad Media porque allí están las reliquias de una santa famosa por curar la locura, así que era y es costumbre en ese pueblo dar pensión a los locos. Geel tiene una de las tasas de violencia más bajas de Bélgica.

En los 70 y de la mano de un gran programa nacional de salud mental, se propuso una idea similar en Colonia Elisa, la psiquiatría comunitaria. La población no quiso saber nada y se perdió la oportunidad, además de perder fuentes de trabajo, de pasar a literatura médica mundial, donde puede encontrarse el caso de Geel.

Alfredo Zurita

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