Resistencia Chaco
MARTES 11 DE SEPTIEMBRE DE 2018
Martes 11 de septiembre de 2018
Una maestra con mayúsculas
Reflexion 
Monica Persoglia
Educación

Se toma la Educación como caballito de batalla político, porque pasó a ser una materia
pendiente. Entonces surgen, aunque desordenados, recuerdos de la otra época, la de los viejos
maestros, justo cuando se festejó un aniversario más de Resistencia, porque muchos de ellos
fueron artífices del progreso, estén o no en la historia del Chaco.

Se transitan tiempos en que prima la belleza, la estética, y hasta se asocia las maestras
jardineras o de primeros grados con jóvenes bonitas, “la seño”.

Hace mucho tiempo, los chicos no llamaban “seño” a sus maestras, sólo la consideraban “su
maestra”. Ellas, en su mayoría tenían vocación y talento, dejaban profundas huellas, algunos
todavía repiten sus palabras, rememoran sus consejos o imitan sus actitudes, quedó la imagen
de su autoridad, su orden, su manera de enseñar o su afecto. Y aunque pasaron los años,
siguen siendo la maestra de primero, o del grado, ella, la que admiraron desde el su banco.

La Sra. de Garro, maestra de primer grado y luego de primero superior, (como llamaban al
segundo grado) no era ni joven, ni bonita, ni elegante, era una Madraza con sus polluelos. En
ese entonces, de pupitres pesados de madera, y del sonido de la campana que llamaba al
recreo, no existía la palabra “taller” ni “participación”. La Sra. de Garro, sin saberlo ponía en
acción su aula convirtiéndola en un hervidero de trabajo y aprendizaje, provocando entre sus
alumnos el vínculo y el conocimiento.

No se hablaba de “comunidad educativa”, ni de la participación de los padres, pero ella
trascendía los muros de la escuela, llevando a sus “palomas blancas” a conocer la ciudad o a
saludar a un compañerito enfermo. Así lo recuerda Eduardo, cuando sintió las voces conocidas,
y se acercó a la ventana de su dormitorio con sus mejillas con manchitas rojas de sarampión y
sus compañeritos gritaban su nombre unidos a la voz de la Sra. de Garro desde la vereda.
Ella provocaba respeto, confianza y complicidad. Los reprendía y hablaba con los códigos de
ellos cuando tenía que parar una pelea de puños de algún enojado.

¿Cuál fue el mérito de la Sra. de Garro? Trabajó con el vínculo entre ella y ellos, y generó una
amistad entre los niños que perduró en el tiempo, cuando no se hablaba del valor de la idea de
“grupos”, ni “equipo”. Pero formó su “grupo”.

Ya hace unos años, la Sra. de Garro silenciosamente se retiró a Monte Grande, al sur. Se habrá
llevado en su valija los recuerdos de sus alumnos, pero lo que no habrá imaginado, es que
perduraría en la mente y la conducta de ellos habiendo pasado cincuenta años! Dejó sus
huellas, las que labró con gestos y palabras.

Algunos de ellos, sus alumnos, todavía son amigos, como Eduardo y Fer, Antonio y Gustavo. Y
cuando se cruzan en la ciudad, ahora ya hombres maduros, se reconocen como los “alumnos
de la Sra. de Garro”.

Aunque la escuela haya cambiado, cada docente, cada orientador, deja huellas, recuerdos,
aunque no lo sepa. Por eso el compromiso dentro del aula, donde se educa.

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