Resistencia Chaco
MIERCOLES 13 DE JUNIO DE 2018
Miercoles 13 de junio de 2018
Un olvidado héroe toba
Reflexion 
Mario Vidal
Hace 134 años moría el gran cacique Juanelráic.
Sociedad

El Chaco, en su momento, soportó una invasión militar de igual saña e intensidad que esa otra que exterminó a los pueblos indígenas del sur argentino.

En 1870, los nativos de esta región empezaron a ser atacados por otros argentinos por el pecado de ser lo que eran, indios, y por el pecado de tener lo que tenían, tierra.

Para despojarlos de sus reservas naturales se recurrió a las armas, se ocupó el Chaco y se le dio a dicha ocupación un carácter innecesariamente bélico y cruel.

Iniciada por Sarmiento, la guerra contra el indio chaqueño fue declarada militarmente terminada el 31 de diciembre de 1917, ya en plena presidencia de Yrigoyen.

La resistencia india duró, consecuentemente, cuarenta y siete años, casi medio siglo.

En ese contexto se inscribe el olvidado y desconocido combate de Napalpí y la muerte del gran jefe toba Juanelráic, llamado “Cacique Rico” por los blancos.

El gobernador del Chaco, con asiento en Formosa, coronel Francisco Basiliano Bosch, lanzó una campaña militar para acabar con Juanelráic y su proyecto productivo.

La campaña contra éste héroe toba fue una de las más injustas de toda la ocupación militar.

Su gente lo apodaba salarnéc-alou (señor rico) porque era un ejemplo de colonización autóctona, superior a todo colono criollo o gringo afincado en esos tiempos en estas tierras.

Uno se imagina la calidad de la ganadería de Juanelráic gracias a éste informe de Bosch, redactado luego de saquear sus caballos, mulas, vacunos, ovejas y cabras: “He dispuesto trasladar a Buenos Aires algunas cabezas del ganado vacuno quitados al enemigo por considerarlas dignas, por su engorde y extraordinario desarrollo, de ser exhibido en ese mercado”.

El combate de Napalpí

Bosch organizó una expedición compuesta de cinco jefes, veinticinco oficiales y 290 soldados de línea y se puso en marcha al amanecer del 13 de abril de 1883.

Juanelráic ordenó la retirada general, y acompañado de 22 jefes amigos emprendió el éxodo.

Los hombres de uno de esos jefes, Tochiri, se encargaron de arrear el ganado. La consigna era abandonar y quemar las tolderías para que no quedara nada útil al invasor.

Lo único que los soldados iban encontrando en su camino eran tolderías desiertas y animales exhaustos que dejaba atrás la columna indígena en repliegue.

Las fuerzas represoras iban pasando por las incendiadas tolderías de Nore’lta (lugar del hambre), Macharáic Lenóc (campo chico), Asina‘ltay (burro muerto), Caláis (Paraje del zorro), Dama’itay (Barriga muerta) y Toro Alarachí (Toro Enojado).

Todas estaban desiertas y quemadas. A principios de mayo, perseguidos y perseguidores llegaron a Napalpí.

Juanelráic ya no quería seguir huyendo y resolvió presentar batalla en ese lugar.

El combate de Napalpí (cuyo significado es cementerio) tuvo lugar el 5 de mayo de 1883. La mortandad entre los antiguos dueños de las flechas fue tremenda.

La furia de los rémington efectivamente convirtió al lugar en un cementerio, como volvería a suceder 41 años después con la trágica masacre de Napalpí.

Juanelráic, “bien vestido, cabalgando un arrogante caballo plateado” y blandiendo su proverbial lanza de carandá con punta de fierro y pasaderas de anillos de plata, recibió una herida de bala y abrazado al pescuezo de su plateado, se perdió en el bosque.

Espantados por el fragor de la fusilería sus animales se desbandaron por todas partes.

Bosch ordenó al cabo Nazario Gallardo recuperarlos. En esa tarea estaba cuando, entrando con su pelotón a una zona de fuego, su caballo recibió dos heridas.

A pesar de ello logró reunir un botín de 198 vacunos, casi doscientas ovejas, 480 cabras y algunos caballos.

Por esa acción “y sobre el campo de batalla” Nazario Gallardo fue ascendido a sargento.

El coronel Bosch, que había dado por muerto a Juanelráic, le mandó una carta al otro gobernador del Chaco, con asiento en Resistencia, coronel Manuel Obligado, para decirle que daba por terminada la campaña y que bajaba a esa ciudad.

Encabezó así su carta: “Toro Alarachí, toldería general del Cacique Inglés, a 7 de mayo de 1883”.

La odisea de los invasores

El regreso de las fuerzas triunfadoras de Napalpí a la ciudad capital se tornó dramático porque en el camino debieron enfrentar focos de obstinada resistencia.

Cuarenta y ocho horas después de ese combate, otro jefe toba, Sanráic, se cruzó con hombres del mayor Gomensoro, enviado por Obligado para ver a Bosch.

Samráic y su gente, parapetados detrás de los árboles del bosque, hicieron retroceder al enemigo.

Otros combatientes indígenas comandados por Yatquí y Lajnoric también hostigaron la marcha de los soldados, obligándolos a descansar con los caballos a la brida.

Cerca de Guayaví, la vanguardia de Bosch se encontró de pronto en un claro del bosque con la toldería de Navaloric.

Los fusileros indios la recibieron a tiros y sostuvieron a pie firme el duelo, pero una carga de caballería los obligó a refugiarse en lo profundo del bosque.

Luego vino el consabido saqueo de ganados. "Fuimos de los primeros en abocarnos con el aduar, cuyos hogares estaban encendidos, notándose allí cueros a la estaca, sogas de charqui asoleado y otros objetos”, escribieron en el parte.

Pero no incendiaron la toldería “para significar al enemigo que no se le llevaba guerra de exterminio”.

Bosch y sus hombres estaban agotados no sólo por el acoso indígena sino también por las lluvias torrenciales y campos inundados que los obligaban a demorarse días enteros en lugares donde nubes de mosquito mortificaban su reposo.

La marcha por esteros y barriales aflojaba los cascos de los caballos y debilitaba la hacienda robada. Tuvieron que sacrificar animales “para no dejar elementos al enemigo”. En un solo día desollaron 165 animales, entre vacas, caballos y ovejas.

Cuando llegaron a Resistencia, al mediodía del 28 de mayo, Bosch organizó una fiesta para celebrar el logro del “nuevo laurel con qué adornar nuestras armas”.

Toda la tropa participó del festejo para “borrar los padecimientos dejados atrás”.

El final de Juanelráic

Meses después, el mencionado coronel Obligado, un conocido matador de indios cuyo nombre hoy lleva el salón de actos de la Casa de Gobierno del Chaco, envió hombres para batir Kiolalay (Avispa Colorada), al oeste de Pina´lta.

Le habían informado que en ese lugar se habían observado movimientos sospechosos.

Desde marzo de 1884, Obligado despachó incesantemente quince expediciones, y en abril se puso él mismo a la cabeza de la que sería su duodécima expedición personal.

Fue en una de esas expediciones que en la madrugada del 13 de junio de 1884 Juanelráic encontró la muerte.

Dos pelotones militares al mando del capitán Urquiza y del mayor Gomenzoro atacaron su campamento.

El gran jefe toba, sus cinco hijos y treinta guerreros quedaron tendidos allí, en su noic, en su tierra.

Se cumplen hoy 134 años de este penoso final, que extrañamente algunos eligen no recordar.

El diario Norte, por ejemplo, consideró innecesario publicar esta triste historia.

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